Enrique Romero
Poeta recién llegado
A desgracia, estos retazos
de pintura mamarracha,
de desconcierto orgulloso
de su desdicha y mala pata,
estos restos apenas concebibles,
estos pedazos de hombre inservible
son míos.
Son míos como lo son mis lágrimas,
como lo son mis berridos nefandos
agonizando por un amor de estafa,
de lirios marchitos, de retamas.
El alma umbría como el ocaso,
que confunde el cariño
con ensangrentadas espadas.
Esta lágrima, esta alma,
son mías,
son mías.
Son mías como los días
que Dios urde como años,
tiempo asesinado, tiempo inútil,
esperando un milagro.
Este corazón que anhela
aún marchito y en desahucio,
este orgullo desarrapado,
retazos de óleo abigarrado,
sí, señor,
son míos,
son míos.
de pintura mamarracha,
de desconcierto orgulloso
de su desdicha y mala pata,
estos restos apenas concebibles,
estos pedazos de hombre inservible
son míos.
Son míos como lo son mis lágrimas,
como lo son mis berridos nefandos
agonizando por un amor de estafa,
de lirios marchitos, de retamas.
El alma umbría como el ocaso,
que confunde el cariño
con ensangrentadas espadas.
Esta lágrima, esta alma,
son mías,
son mías.
Son mías como los días
que Dios urde como años,
tiempo asesinado, tiempo inútil,
esperando un milagro.
Este corazón que anhela
aún marchito y en desahucio,
este orgullo desarrapado,
retazos de óleo abigarrado,
sí, señor,
son míos,
son míos.
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