Frágil es el sueño que se construye al crecer
Y suave es la piel que acaricia la ignorancia.
Inútil se convierte la ilusión de la utópica morada
Y se pintan de invisibles matices las sonrisas.
Parten ya del ser las aves que entonaban las memorias
Y el silencio es el frío eco de la niñez.
¡No hay dolor más grande que el de la realidad!
¡No hay mal más sofocante que sufrirla!
Caen las decoradas máscaras y el viento las desgarra por el campo.
Las rosas olvidan su aroma, las orquídeas empalidecen
Y los pinos agonizan en su lecho: ¡Nunca más de pie!
¡Salve al pintor que no tiene inspiración, al músico sin audiencia
Y al poeta que es inmune!
Que se beban las últimas gotas de vino
Y que suenen por vez final las campanas.
Y que se rompan los espejos, que uno es muerte
Y dos eternidad.
Y suave es la piel que acaricia la ignorancia.
Inútil se convierte la ilusión de la utópica morada
Y se pintan de invisibles matices las sonrisas.
Parten ya del ser las aves que entonaban las memorias
Y el silencio es el frío eco de la niñez.
¡No hay dolor más grande que el de la realidad!
¡No hay mal más sofocante que sufrirla!
Caen las decoradas máscaras y el viento las desgarra por el campo.
Las rosas olvidan su aroma, las orquídeas empalidecen
Y los pinos agonizan en su lecho: ¡Nunca más de pie!
¡Salve al pintor que no tiene inspiración, al músico sin audiencia
Y al poeta que es inmune!
Que se beban las últimas gotas de vino
Y que suenen por vez final las campanas.
Y que se rompan los espejos, que uno es muerte
Y dos eternidad.