Enrique Romero
Poeta recién llegado
Recuerdo sublimado que te pareces al sueño.
Hoy soñé la semblanza que hace el cielo ágata,
como los ojos vítreos del cocodrilo,
a las bahías cubiertas de algas y huevecillos
arrastrados por las ondas espumosas,
los vestigios de las olas majestuosas,
a las riberas llenas de sol y sal.
Van desdibujándose las gaviotas
en el horizonte crepuscular.
El sol se oculta como animal herido
y se sumerge en la aguas.
Los nimbos desterrados de la mar,
lloran su desdicha de vendaval marino
mientras los albatros regresan a sus nidos.
Los arrecifes coralinos son azures
como la noche germinada de estrellas.
Mi corazón es un manantial de estrellas
y es también el recuerdo del mineral arrebatado.
Oh! Océano, de mí los hombres te han extirpado
y aún sigo sangrando tu partida.
Yo que nací contigo, que mis antepasados te adoraron,
mis lágrimas son aún más amargas
que tus aguas llenas de vida.
Y que te fuiste, me quieren hacer entender todavía.
¡No, no y no, de mi tierra te arrancaron
pero en mi corazón tu vena fluye todavía!
Hoy soñé la semblanza que hace el cielo ágata,
como los ojos vítreos del cocodrilo,
a las bahías cubiertas de algas y huevecillos
arrastrados por las ondas espumosas,
los vestigios de las olas majestuosas,
a las riberas llenas de sol y sal.
Van desdibujándose las gaviotas
en el horizonte crepuscular.
El sol se oculta como animal herido
y se sumerge en la aguas.
Los nimbos desterrados de la mar,
lloran su desdicha de vendaval marino
mientras los albatros regresan a sus nidos.
Los arrecifes coralinos son azures
como la noche germinada de estrellas.
Mi corazón es un manantial de estrellas
y es también el recuerdo del mineral arrebatado.
Oh! Océano, de mí los hombres te han extirpado
y aún sigo sangrando tu partida.
Yo que nací contigo, que mis antepasados te adoraron,
mis lágrimas son aún más amargas
que tus aguas llenas de vida.
Y que te fuiste, me quieren hacer entender todavía.
¡No, no y no, de mi tierra te arrancaron
pero en mi corazón tu vena fluye todavía!