Eduardo Bretón
Poeta recién llegado
I
Siento deseos de hablarte, mis manos, mi cuerpo y hasta mi recamara te extrañan, me encierro en esta soledad tan cruda que me consume crudamente. A veces recuerdo mi anterior existir, tan bello que no me reconozco en esta silueta estúpida de miseria. El barro se convierte en piedra y se seca de todo sentimiento puro.
II.
Me doy cuenta que soy un fracaso, observo mi ridículo pasado y soy solo una sombra enclavada en sí misma y sin más mundo que el de mi sombra, si volteo, tal vez vería la luz, pero no puedo, no quiero, solo me permito encerrarme en la oscuridad de mi sombra. Tengo miedo, mucho miedo, de mí, allá afuera, de equivocarme, de no ser nada, de ser solo una sombra inútil y ridícula. Pero aún le temo más a lo que se esconde en la sombra, lo que es peor, lo que más odio, lo que me niego a ser. Por que me sé capaz de ser la misma maldad, y me detesto por ello.
III.
Siempre llega esta hora, esta estúpida hora en la que me encuentro conmigo mismo, completamente solo, llorándome y consumiéndome. Me encierro conmigo mismo y me mato y revivo. Es la hora, la peor hora del día, en la que me tengo que enfrentar a mi mismo, a lo peor de mi, a lo más espantoso y a lo que más le temo. A mi ser.
Siento deseos de hablarte, mis manos, mi cuerpo y hasta mi recamara te extrañan, me encierro en esta soledad tan cruda que me consume crudamente. A veces recuerdo mi anterior existir, tan bello que no me reconozco en esta silueta estúpida de miseria. El barro se convierte en piedra y se seca de todo sentimiento puro.
II.
Me doy cuenta que soy un fracaso, observo mi ridículo pasado y soy solo una sombra enclavada en sí misma y sin más mundo que el de mi sombra, si volteo, tal vez vería la luz, pero no puedo, no quiero, solo me permito encerrarme en la oscuridad de mi sombra. Tengo miedo, mucho miedo, de mí, allá afuera, de equivocarme, de no ser nada, de ser solo una sombra inútil y ridícula. Pero aún le temo más a lo que se esconde en la sombra, lo que es peor, lo que más odio, lo que me niego a ser. Por que me sé capaz de ser la misma maldad, y me detesto por ello.
III.
Siempre llega esta hora, esta estúpida hora en la que me encuentro conmigo mismo, completamente solo, llorándome y consumiéndome. Me encierro conmigo mismo y me mato y revivo. Es la hora, la peor hora del día, en la que me tengo que enfrentar a mi mismo, a lo peor de mi, a lo más espantoso y a lo que más le temo. A mi ser.