scarlata
Poeta veterano en el portal.
Atruenan invencibles los fantasmas del deseo
y mi cerebro esquivo se confunde y enmudece.
Ya no podemos hablarnos con esos ojos que miran.
Una neblina de espirales nos ordena silencio.  
Compartimos en rincones tenues el desconcierto,
y, jugando a intercambiar risas por paseos,
llegas y, al estar, regresa el desconsuelo.
Y yo, fingiendo indiferencia,
me muerdo el deseo.
Imposible tocarte. Mis dedos, si te rozan,
escalofríos me advierten.
y si mi boca te nombra
mis músculos no obedecen.
Ya no puedo compartirte con las sombras.
Ni sujetar mis abrazos. Ni simular entre ropas.
Convertida en morboso pecado,
me rebela no rozarte estando cerca.
Me rebela la prudencia.
Busco remedios para apagarr el deseo,
remedios que, desde esta esquina infértil, no encuentro.
y mi cerebro esquivo se confunde y enmudece.
Ya no podemos hablarnos con esos ojos que miran.
Una neblina de espirales nos ordena silencio.  
Compartimos en rincones tenues el desconcierto,
y, jugando a intercambiar risas por paseos,
llegas y, al estar, regresa el desconsuelo.
Y yo, fingiendo indiferencia,
me muerdo el deseo.
Imposible tocarte. Mis dedos, si te rozan,
escalofríos me advierten.
y si mi boca te nombra
mis músculos no obedecen.
Ya no puedo compartirte con las sombras.
Ni sujetar mis abrazos. Ni simular entre ropas.
Convertida en morboso pecado,
me rebela no rozarte estando cerca.
Me rebela la prudencia.
Busco remedios para apagarr el deseo,
remedios que, desde esta esquina infértil, no encuentro.