Vladimir Rommel
Poeta recién llegado
Y así empezó todo:
Con tu sigilosa mirada,
con tus piernas firmes,
con tu sonrisa pintada,
y tu voz encantada.
Y tu linda cara,
y tus temores pasados,
y tu lengua florida,
y tus cabellos planchados.
Y tu aroma que emociona,
y el aire que te llevas de mis ojos,
y la energía que emanas cuando peleas.
Y tu claridad melódica de lo real,
y tu chispa de ensueño que a veces me golpea,
y tus manos de invierno boreal, que apenas he sentido.
Quisiera contarte la historia sin fin de esas princesas rosas y príncipes azules,
de esas en la que todo es bonito y perfecto,
pero prefiero decirte que tu cuerpo no me encanta,
que tus caderas no me turban,
que tus pechos son como la ironía de la muerte,
que a "Zeneca" no le importa ser acariciado,
que tu nombre es más dulce que religioso.
Y que no me importa si tienes a otro (s),
yo quiero vestirte con mi piel,
dibujarte con mis labios,
recorrerte en silencio con ganas de estrujar tus huesos,
de grabar mi nombre en tu vientre,
de que me sientas desde tus entrañas,
de que tus muslos me den la hora,
y que tus labios libres de todo,
suspiren un gemido tierno y salvaje,
que despierte la noche y apague el sol,
y que entonces se detenga el tiempo con mi deseo en tus entrañas.
con tus piernas firmes,
con tu sonrisa pintada,
y tu voz encantada.
Y tu linda cara,
y tus temores pasados,
y tu lengua florida,
y tus cabellos planchados.
Y tu aroma que emociona,
y el aire que te llevas de mis ojos,
y la energía que emanas cuando peleas.
Y tu claridad melódica de lo real,
y tu chispa de ensueño que a veces me golpea,
y tus manos de invierno boreal, que apenas he sentido.
Quisiera contarte la historia sin fin de esas princesas rosas y príncipes azules,
de esas en la que todo es bonito y perfecto,
pero prefiero decirte que tu cuerpo no me encanta,
que tus caderas no me turban,
que tus pechos son como la ironía de la muerte,
que a "Zeneca" no le importa ser acariciado,
que tu nombre es más dulce que religioso.
Y que no me importa si tienes a otro (s),
yo quiero vestirte con mi piel,
dibujarte con mis labios,
recorrerte en silencio con ganas de estrujar tus huesos,
de grabar mi nombre en tu vientre,
de que me sientas desde tus entrañas,
de que tus muslos me den la hora,
y que tus labios libres de todo,
suspiren un gemido tierno y salvaje,
que despierte la noche y apague el sol,
y que entonces se detenga el tiempo con mi deseo en tus entrañas.