José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Piel, soy tu sueño en la aurora,
clavel rosa oliendo a primavera,
fruta madura que en la noche
me adormece, oración milagrosa
en las tinieblas recubierta de bruma.
Brillo de lucero en mis ojos,
almendrados, como perlas.
Me pierdo en las telarañas de tu luna,
deseo que seas fulgor de horno,
de pétalos, agua escurridiza.
La tibieza de nuestros labios, carnosos,
fluidos, calientes, con las lenguas de serpiente;
nos absorbemos, las enredamos y nos deleitamos
como un sorbete en verano.
Te amaso como una vida en llamas,
y emanan efluvios recónditos ,
de lugares inexplorados, nieve súbita
frío quemante, oliendo a pétalos de rosa y vinagre.
Soy el nacimiento de tu fulgor, en trance,
cómo si de un géiser se tratase.
Tú, un portal que me abres tu lago celestial,
un mar de espuma en mis dedos,
gelatinosa, inconsistente, sin forma definida;
Tu cuerpo es un borboteo constante.
un arrullo, un deseo,
un banquete delicioso
en un páramo húmedo;
Soy tallo fresco que se convierte en tronco fuerte,
vigoroso, buscando
con sus raíces alimentarse
del magma de tu cuerpo.
Oigo tu ruidosa respiración de terremoto,
de volcán en erupción, de río navegable
donde penetra mi velero,
que ya no es tronco ni sable,
es el manjar que pide tu cuerpo.
Eres noche de luna llena, contracciones de parto,
vaivenes sin descanso de tus olas
¿en qué se ha convertido tu cuerpo,
sudoroso por el deseo?.
Una noche de lluvia en un páramo seco,
un querer dirigirte al cielo,
con el alma y el corazón henchidos
de amor y deseo.
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