jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
en un cuarto de un hotelito de putas
a media cuadra de la parada de camiones de la plaza san esteban
una lluviosa y cálida madrugada de julio
yo borracho y un poco drogado ella nerviosa
en mi bolsa 3 condones
al otro lado de la pared una fulana gimiendo como loca
el grifo del lavabo a un lado de la cama goteando
yo de 42 ella con mucho 16
sus ojos abiertos más de lo normal
el rimmel corrido por la lluvia
sus pequeños pechos agitados
un tipo al otro lado de la pared gritando ¡puta de mierda!
cierto hedor a rancio colándose por el hueco de la ventana
su falda húmeda levantada hasta la cintura
mi falo horadando la penumbra como un bestial depredador
la suavidad la esbelta palidez de sus piernas
un punto de luz brillando en sus ojos
la fulana al otro lado de la pared aullando ¡no te detengas ahora, hijo de puta!
la quietud de la noche el rumor decreciente de la lluvia
los condones olvidados en mi bolsa
mi carne arañando su inocencia
el grito ahogado en su garganta un chorro de sangre caliente
el grito desaforado resultante del orgasmo de la puta al otro lado de la pared
aquella madrugada lluviosa y sofocante de julio
en un cuarto de 100 pesos la noche de un hotelito de putas
le quité la virginidad a eufrasia
a media cuadra de la parada de camiones de la plaza san esteban
una lluviosa y cálida madrugada de julio
yo borracho y un poco drogado ella nerviosa
en mi bolsa 3 condones
al otro lado de la pared una fulana gimiendo como loca
el grifo del lavabo a un lado de la cama goteando
yo de 42 ella con mucho 16
sus ojos abiertos más de lo normal
el rimmel corrido por la lluvia
sus pequeños pechos agitados
un tipo al otro lado de la pared gritando ¡puta de mierda!
cierto hedor a rancio colándose por el hueco de la ventana
su falda húmeda levantada hasta la cintura
mi falo horadando la penumbra como un bestial depredador
la suavidad la esbelta palidez de sus piernas
un punto de luz brillando en sus ojos
la fulana al otro lado de la pared aullando ¡no te detengas ahora, hijo de puta!
la quietud de la noche el rumor decreciente de la lluvia
los condones olvidados en mi bolsa
mi carne arañando su inocencia
el grito ahogado en su garganta un chorro de sangre caliente
el grito desaforado resultante del orgasmo de la puta al otro lado de la pared
aquella madrugada lluviosa y sofocante de julio
en un cuarto de 100 pesos la noche de un hotelito de putas
le quité la virginidad a eufrasia
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