Victor Rodriguez
Poeta fiel al portal
Entre escritos, candiles, cigarros y desvelos,
se destiñe la noche, junto al razonamiento,
se hunde al averno el alma por este sentimiento
de fúrica aflicción, de un piélago de celos.
En Penumbras, fue solo soñar que se soñaba,
confirmado está en éste, nada dubitativo.
Ya no sofocaré mi voz, es positivo.
Ahora es llanto en presente; no como imaginaba.
Y hollaras las arenas al vaivén retraído
de remembranzas lerdas, de pensamientos neutros,
sin afectos del alma, sin fe, ni amores nuestros.
Fenecerán tus flores por tiempo indefinido.
Ya no precisas
tornar tus mieles
hacia los míos.
Tu danza etérea
en mis arenas
son desvaríos.
se destiñe la noche, junto al razonamiento,
se hunde al averno el alma por este sentimiento
de fúrica aflicción, de un piélago de celos.
En Penumbras, fue solo soñar que se soñaba,
confirmado está en éste, nada dubitativo.
Ya no sofocaré mi voz, es positivo.
Ahora es llanto en presente; no como imaginaba.
Y hollaras las arenas al vaivén retraído
de remembranzas lerdas, de pensamientos neutros,
sin afectos del alma, sin fe, ni amores nuestros.
Fenecerán tus flores por tiempo indefinido.
Ya no precisas
tornar tus mieles
hacia los míos.
Tu danza etérea
en mis arenas
son desvaríos.
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