Céu de Buarque
Poeta adicto al portal
Quisiera dejar de ser tantas,
deshabitarme un poco.
Siento me succionan;
y no puedo parar a esa
que está por hacerme
estallar en mil pedazos,
sin importarle este yo que
gime por algo de espacio.
Deseos que pueden más,
por encima de la razonable
necesidad de hallar cierta paz.
Si acaso dejara de pensar
en esas nueces que portan hombres
(habiendo tan pocos nogales sanos).
Sublimar, ¡ah!, si me abstuviera de
estas ganas locas de comer la fruta,
descascando cada celda de piel
para lamerla todos los días un poco
y no morir de hambre después.
¿Por qué la urgencia de amar?
Bastaría ser, pensar y vivir en detalles
si el de ahora fuera un silencio vacío,
si el sexo no latiera tan fuerte
-erotimbales- dejándome en trance.
Pero ellas quieren macerar la cuerda
beberse los sueños de un trago,
y arrojarme en el desierto.
Sospecho, no voy a mover un dedo
para impedirlo. Quizá, quien sabe,
sea natural sobrevivir desmembrada:
alguna descubra su nivel de torpeza;
otra asuma la molicie que empantana
los grandes propósitos, autoflagelándose
para suspender -aun temporalmente-
el gusto insaciable por lo profano;
tenga a bien una no hablar;
la de al lado se duerma;
o se esfumen todas...
y me dejen en la ebriedad de la vida
sin esperar que nada mejore.
Sin esperar, bastaría.
deshabitarme un poco.
Siento me succionan;
y no puedo parar a esa
que está por hacerme
estallar en mil pedazos,
sin importarle este yo que
gime por algo de espacio.
Deseos que pueden más,
por encima de la razonable
necesidad de hallar cierta paz.
Si acaso dejara de pensar
en esas nueces que portan hombres
(habiendo tan pocos nogales sanos).
Sublimar, ¡ah!, si me abstuviera de
estas ganas locas de comer la fruta,
descascando cada celda de piel
para lamerla todos los días un poco
y no morir de hambre después.
¿Por qué la urgencia de amar?
Bastaría ser, pensar y vivir en detalles
si el de ahora fuera un silencio vacío,
si el sexo no latiera tan fuerte
-erotimbales- dejándome en trance.
Pero ellas quieren macerar la cuerda
beberse los sueños de un trago,
y arrojarme en el desierto.
Sospecho, no voy a mover un dedo
para impedirlo. Quizá, quien sabe,
sea natural sobrevivir desmembrada:
alguna descubra su nivel de torpeza;
otra asuma la molicie que empantana
los grandes propósitos, autoflagelándose
para suspender -aun temporalmente-
el gusto insaciable por lo profano;
tenga a bien una no hablar;
la de al lado se duerma;
o se esfumen todas...
y me dejen en la ebriedad de la vida
sin esperar que nada mejore.
Sin esperar, bastaría.