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Desidia poética

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Con el alba arremetiendo contra mis párpados
y los pájaros picoteándome el cerebro,
había llegado el momento de decir no
a la dictadura de la serpiente y convertirme en lo que soy:
una línea vertical que, rebosante de ventajas evolutivas,
era capaz de imitar con virtuosismo inigualable
el estruendo de la tormenta,
una habilidad lo suficientemente apreciada por el espejo
y la dentadura atrapada en un vaso lleno de desinfectante
para que cada día me agasajaran
con una sarta de obscenos requiebros.
Y aunque sabía que la luz me odiaba
de un modo vibrante y afilado,
pues nunca me esperaba cuando por el tenebroso pasillo
me dirigía a la cocina,
el café como un gato arañándome la lengua
me daba la fuerza necesaria para enfrentarme al salón;
pero el sofá, su esbirro más insano,
siempre se adueñaba de mis testículos.
En algún lugar de la casa,
una página en blanco desespera de mis versos.
 
Con el alba arremetiendo contra mis párpados
y los pájaros picoteándome el cerebro,
había llegado el momento de decir no
a la dictadura de la serpiente y convertirme en lo que soy:
una línea vertical que, rebosante de ventajas evolutivas,
era capaz de imitar con virtuosismo inigualable
el estruendo de la tormenta,
una habilidad lo suficientemente apreciada por el espejo
y la dentadura atrapada en un vaso lleno de desinfectante
para que cada día me agasajaran
con una sarta de obscenos requiebros.
Y aunque sabía que la luz me odiaba
de un modo vibrante y afilado,
pues nunca me esperaba cuando por el tenebroso pasillo
me dirigía a la cocina,
el café como un gato arañándome la lengua
me daba la fuerza necesaria para enfrentarme al salón;
pero el sofá, su esbirro más insano,
siempre se adueñaba de mis testículos.
En algún lugar de la casa,
una página en blanco desespera de mis versos.
Alguien dirá que el arte es arte incluso si brota amargo o displicente.
Un beso, Anna.
 
Con el alba arremetiendo contra mis párpados
y los pájaros picoteándome el cerebro,
había llegado el momento de decir no
a la dictadura de la serpiente y convertirme en lo que soy:
una línea vertical que, rebosante de ventajas evolutivas,
era capaz de imitar con virtuosismo inigualable
el estruendo de la tormenta,
una habilidad lo suficientemente apreciada por el espejo
y la dentadura atrapada en un vaso lleno de desinfectante
para que cada día me agasajaran
con una sarta de obscenos requiebros.
Y aunque sabía que la luz me odiaba
de un modo vibrante y afilado,
pues nunca me esperaba cuando por el tenebroso pasillo
me dirigía a la cocina,
el café como un gato arañándome la lengua
me daba la fuerza necesaria para enfrentarme al salón;
pero el sofá, su esbirro más insano,
siempre se adueñaba de mis testículos.
En algún lugar de la casa,
una página en blanco desespera de mis versos.
Esa pagina en blanco deja el capitulo gemido de una desesperacion aireada
en el contraluz de las travesuras que son realidad. el cuerpo de lo soñado
como perdido en ese dia aliado con la debil diadema de los sentimientos.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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