Demi
Poeta recién llegado
En la fina, escurridiza y ardiente arena,
el cielo se engrandece y la soledad se vuelve más magna cada día.
El sinfín del horizonte parece aún más infinito
y el silencio de tu voz hace estragos alrededor.
¿Dónde se posaba aquella flor? Que aún viva se desvaneció.
El aleteo de las mariposas retumba fuerte,
muy fuerte en el coliseo de los juicios que bordea tu corazón.
Y de nuevo aquel sinfín del horizonte
que hace hallazgos en los pozos de tu imaginación.
Hay baches que se cometen sin clemencia.
Aún más, con fines de importunar.
Pero quien cometa sin piedad un escarbo en un corazón,
Puede encontrar al menos, dos soles y una desecación.
Es como caminar en un laberinto sin paredes,
Sin saber a donde ni por cuanto,
en busca de un horizonte que tenga frutos,
y un futuro para dibujar.
No hay adelante, ni atrás.
Tampoco hay laterales por donde cortar.
Si la dicha es el agua y no hay pozos (ni siquiera sal),
Habrá que rendir tributo al corazón
Y seguir las huellas que el tiempo selló.
Hay miles y en toda dirección,
Quizás las orugas estén en la correcta perspectiva,
pues evolucionan a una belleza desmedida.
Cada eco brinda ilusión
y en las noches, cada estrella es una nueva poesía escrita.
La soberanía del cielo se marchitó.
Pero a mis piernas le creció otra flor.
Quizás el desierto no arda tanto en las noches,
Quizás la salida se halle de a dos
Y sin juicios al corazón.
el cielo se engrandece y la soledad se vuelve más magna cada día.
El sinfín del horizonte parece aún más infinito
y el silencio de tu voz hace estragos alrededor.
¿Dónde se posaba aquella flor? Que aún viva se desvaneció.
El aleteo de las mariposas retumba fuerte,
muy fuerte en el coliseo de los juicios que bordea tu corazón.
Y de nuevo aquel sinfín del horizonte
que hace hallazgos en los pozos de tu imaginación.
Hay baches que se cometen sin clemencia.
Aún más, con fines de importunar.
Pero quien cometa sin piedad un escarbo en un corazón,
Puede encontrar al menos, dos soles y una desecación.
Es como caminar en un laberinto sin paredes,
Sin saber a donde ni por cuanto,
en busca de un horizonte que tenga frutos,
y un futuro para dibujar.
No hay adelante, ni atrás.
Tampoco hay laterales por donde cortar.
Si la dicha es el agua y no hay pozos (ni siquiera sal),
Habrá que rendir tributo al corazón
Y seguir las huellas que el tiempo selló.
Hay miles y en toda dirección,
Quizás las orugas estén en la correcta perspectiva,
pues evolucionan a una belleza desmedida.
Cada eco brinda ilusión
y en las noches, cada estrella es una nueva poesía escrita.
La soberanía del cielo se marchitó.
Pero a mis piernas le creció otra flor.
Quizás el desierto no arda tanto en las noches,
Quizás la salida se halle de a dos
Y sin juicios al corazón.