Amelia Duna
Poeta recién llegado
Existió donde el Sol y duna eran uno,
donde el desierto seco se cortaba de sed.
No habitaba nada y dos granos de arena
se encontraron en la luz,
en la noche, en la amargura y la devoción.
Y así unidos crearon un mar de recuerdos,
de caricias y besos al eterno vacío.
Existimos donde hubo veneno,
¡dulce y bendito veneno!
dosificado, creó la perfecta adicción.
Pediste ser sal de mar y recorrer mis pies,
pediste una mirada en el olvido.
Existió la aureola que nos rodeó,
la promesa de saciar la sed.
Somos desierto seco,
somos niños, deseando ser sal y mar
esperando que en algún momento
nos eximan por separarnos tanto tiempo.
Ya en la distancia.
somos veneno que no puede salir de la piel
donde el desierto seco se cortaba de sed.
No habitaba nada y dos granos de arena
se encontraron en la luz,
en la noche, en la amargura y la devoción.
Y así unidos crearon un mar de recuerdos,
de caricias y besos al eterno vacío.
Existimos donde hubo veneno,
¡dulce y bendito veneno!
dosificado, creó la perfecta adicción.
Pediste ser sal de mar y recorrer mis pies,
pediste una mirada en el olvido.
Existió la aureola que nos rodeó,
la promesa de saciar la sed.
Somos desierto seco,
somos niños, deseando ser sal y mar
esperando que en algún momento
nos eximan por separarnos tanto tiempo.
Ya en la distancia.
somos veneno que no puede salir de la piel
Última edición: