José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Languidece la noche y asoma la aurora,
veo vestimentas oreándose
en las copas de los árboles
son de campesinos ultrajados.
Oh, Dios, ¿sabes lo que es la bondad?
¿has visto a esos hombres calcinados de tanto trabajar?
este mundo injusto, sin justicia, gira con hiel en su eje,
con dolores de fantasmas que desaparecieron,
pero que vuelven a brotar como el agua de los manantiales.
Yo creía que la angustia se había fosilizado en el tiempo
como piedras marmóreas, que huyendo se fueron
pero siguen las cicatrices en las manos, en el corazón
del pobre asalariado.
¿Has visto a los campesinos ultrajados,
llenas de grietas sus manos?
¿has visto sus cuerpos torcidos
de la bestialidad del trabajo?.
Tú conoces el vergel de hombres muertos en vida,
de auroras destrozadas por los llantos de los desaparecidos,
las lágrimas de los bosques por la desdicha de estos hombres
que nacieron en el fango y en el fango partieron,
durmieron en farfolla, que ellos criaron como dios
creó a los ángeles.
De niños que nunca jugaron, fueron esclavos de la indolencia
del capitalismo, eran calumnias al cielo, a la fe en cristo;
nunca supieron interpretar su catecismo, de amor, de empatía.
La belleza de la tierra hecha añicos, de maldad que brota a borbotones
del corazón del rico endemoniado, de vientre almidonado,
cara de manzana , alma impía y corazón de cuervo.
Esa mente de verdugo enlatado en la línea del tiempo,
consolidado por la educación de años de maldad
de dotes heredadas, de malicia acumulada en el pantano
de un corazón hediondo, marchito de tanta opulencia.
¡Oh, campesinos!
cuando aprenderán, los señores del dinero,
el lenguaje del amor, de las flores,
de la claridad en días de lluvia.
¿Cuándo dejarán el caviar a consta de tu desconsuelo?,
hoy el inmenso océano te cubrirá de gloria,
te lo has ganado, y serás bendecido entre los mortales.