Se siente como si estuvieses
cayendo al vacío,
como un lapsus de desesperación
que no termina,
como si durante esa caída
seas completamente conciente
de que estas cayendo
sin posibilidad alguna de salvarte,
y de repente encuentres
una piedra salida
de la cual puedes agarrarte,
una de las piedras más filosas
que jamás sentiste cortar
tu tan sensible piel.
Y sin pensarlo dos veces
te agarras de ella
lo más fuerte que puedes,
confiando completamente
en que encontraste una salvación
(a pesar de que sepas bien que es momentánea),
y aguantas ahí...
sintiendo como tus manos
van sufriendo cortes
cada vez más profundos,
hasta que no das más
y cedes a caer nuevamente,
desesperanzada,
y con esa sensación de vacío
que genera el hecho
de no haber querido ver
el filo de esa piedra,
a pesar de saber de su existencia.
Algo así se siente la desilusión.
cayendo al vacío,
como un lapsus de desesperación
que no termina,
como si durante esa caída
seas completamente conciente
de que estas cayendo
sin posibilidad alguna de salvarte,
y de repente encuentres
una piedra salida
de la cual puedes agarrarte,
una de las piedras más filosas
que jamás sentiste cortar
tu tan sensible piel.
Y sin pensarlo dos veces
te agarras de ella
lo más fuerte que puedes,
confiando completamente
en que encontraste una salvación
(a pesar de que sepas bien que es momentánea),
y aguantas ahí...
sintiendo como tus manos
van sufriendo cortes
cada vez más profundos,
hasta que no das más
y cedes a caer nuevamente,
desesperanzada,
y con esa sensación de vacío
que genera el hecho
de no haber querido ver
el filo de esa piedra,
a pesar de saber de su existencia.
Algo así se siente la desilusión.
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