esteban7094
Poeta recién llegado
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria,
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
Antaño, cuando estaba en mi lecho de muerte
Fustigado vilmente por la más bárbara melancolía
-y los recuerdos tísicos se consumían en un ataque
De tos de un dolor seco- añoré con desespero
Lo que ahora resguardo con recelo en terrible ebriedad:
Estas playas que se tornan cuasi interminables sobre
Un cielo que se hunde hasta lo indecible,
Y entre estos dos afanes de Vida y Muerte,
Una fiera batalla inmarcesible que brota
Con sinfonías y haces de luz que cortan las lianas
Que sostienen la vaciedad.
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria.
Tan sólo te conozco ¡oh mundo! ante el frío
De mi ausencia, ante el deliquio impío de lo que
Se sabe en la inconsciencia. Porque ya no me inclino
Ante aquel becerro que yo mismo construí –quizá mañana-
¡Oh! Cómo tras lamer la meliflua orla de la montaña,
Empecé a creer tan sólo en el olvido fugaz de mi ser…
¡Y es que la amada yace en las borrascas del veinte de Julio!
¡Ay! La Muerte siempre toma una siesta a la medianoche.
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
Arrecia esa lluvia de adagio negro en nochebuena,
Al tiempo que resuena en el silencio íntimo la agonía
De la madre joven que desde lo lejano presiente
Cómo el delirio del hijo languidece, del hijo que ayer
Fue arrojado, cual mendigo o cual vil leproso,
En el hondo pozo de la desventura y el amargo olvido.
Ya ella advierte en su no-saber el brote de una remota
Negrura que algún día sombrío será.
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria.
¡Por supuesto que alcanzaremos, totalmente consumidos
Y maldecidos, la orilla más álgida del suplicio!
Pues hace muchas horas que dejamos de palpar
El ardor de los luceros y la perversión de las camelias,
A fuerza de que nuestras manos no estén trémulas
O mutiladas; a fuerza de que puedan poner en ellas
Los herrumbrosos grilletes de la cruel desilusión…
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
Y se abren en lo postrero esos ojos desorbitados,
Esos ojos alucinados y profundos que son el misterio
De esa vida de sombra coronada con cardo y espino;
De esa vida errante, gitana, que es como el abandono
Réprobo de sí misma; de esa vida que desde lo entenebrecido
Vislumbra cómo lo otrora vivo se torna en letra muerta,
En poesía pétrea tejida con las pútridas piltrafas
De una incesante necedad viciada…
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria,
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
l. e. torres
08/04/2015
Esas nuestras ansias de gloria,
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
Antaño, cuando estaba en mi lecho de muerte
Fustigado vilmente por la más bárbara melancolía
-y los recuerdos tísicos se consumían en un ataque
De tos de un dolor seco- añoré con desespero
Lo que ahora resguardo con recelo en terrible ebriedad:
Estas playas que se tornan cuasi interminables sobre
Un cielo que se hunde hasta lo indecible,
Y entre estos dos afanes de Vida y Muerte,
Una fiera batalla inmarcesible que brota
Con sinfonías y haces de luz que cortan las lianas
Que sostienen la vaciedad.
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria.
Tan sólo te conozco ¡oh mundo! ante el frío
De mi ausencia, ante el deliquio impío de lo que
Se sabe en la inconsciencia. Porque ya no me inclino
Ante aquel becerro que yo mismo construí –quizá mañana-
¡Oh! Cómo tras lamer la meliflua orla de la montaña,
Empecé a creer tan sólo en el olvido fugaz de mi ser…
¡Y es que la amada yace en las borrascas del veinte de Julio!
¡Ay! La Muerte siempre toma una siesta a la medianoche.
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
Arrecia esa lluvia de adagio negro en nochebuena,
Al tiempo que resuena en el silencio íntimo la agonía
De la madre joven que desde lo lejano presiente
Cómo el delirio del hijo languidece, del hijo que ayer
Fue arrojado, cual mendigo o cual vil leproso,
En el hondo pozo de la desventura y el amargo olvido.
Ya ella advierte en su no-saber el brote de una remota
Negrura que algún día sombrío será.
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria.
¡Por supuesto que alcanzaremos, totalmente consumidos
Y maldecidos, la orilla más álgida del suplicio!
Pues hace muchas horas que dejamos de palpar
El ardor de los luceros y la perversión de las camelias,
A fuerza de que nuestras manos no estén trémulas
O mutiladas; a fuerza de que puedan poner en ellas
Los herrumbrosos grilletes de la cruel desilusión…
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
Y se abren en lo postrero esos ojos desorbitados,
Esos ojos alucinados y profundos que son el misterio
De esa vida de sombra coronada con cardo y espino;
De esa vida errante, gitana, que es como el abandono
Réprobo de sí misma; de esa vida que desde lo entenebrecido
Vislumbra cómo lo otrora vivo se torna en letra muerta,
En poesía pétrea tejida con las pútridas piltrafas
De una incesante necedad viciada…
Se ahogan en el sepulcro
Esas nuestras ansias de gloria,
Se extingue en el sepulcro
Esa nuestra vida ilusoria.
l. e. torres
08/04/2015