CLEOTILDE GORDOA
Poeta recién llegado
Desnuda lentamente
cada uno de mis pensamientos
y dame tu mirada para recrearme
con el loco deambular de tus ilusiones.
Dame tus manos para atrapar tus sueños
que corren y se esconden en los ocasos
y en las noches frías del lento invierno.
Dame tu corazón para inyectarle pasión
hasta que desborde cual volcán vehemente,
para inflamar lo que a su paso encuentre.
Dame tu boca para saborear tus ansias
que mueren de sed en los desiertos días
y agonizan cada tarde por un beso.
Dame tu piel para adherirme a ella,
como la hiedra que avanza cautelosa,
pero se incrusta en las húmedas tapias.
Dame tu ser sin condiciones, sin meditarlo,
con sabor a pecado, con sabor a inocencia.
Sé mío solamente, a ciegas, sin pensar,
solo déjate llevar por lo que el alma grita.
Dame tu vida y arráncame la mía,
fúndelas y has una escultura,
que hable de los sueños,
de los anhelos reprimidos,
de los besos ansiados,
de los deseos dormidos.
cada uno de mis pensamientos
y dame tu mirada para recrearme
con el loco deambular de tus ilusiones.
Dame tus manos para atrapar tus sueños
que corren y se esconden en los ocasos
y en las noches frías del lento invierno.
Dame tu corazón para inyectarle pasión
hasta que desborde cual volcán vehemente,
para inflamar lo que a su paso encuentre.
Dame tu boca para saborear tus ansias
que mueren de sed en los desiertos días
y agonizan cada tarde por un beso.
Dame tu piel para adherirme a ella,
como la hiedra que avanza cautelosa,
pero se incrusta en las húmedas tapias.
Dame tu ser sin condiciones, sin meditarlo,
con sabor a pecado, con sabor a inocencia.
Sé mío solamente, a ciegas, sin pensar,
solo déjate llevar por lo que el alma grita.
Dame tu vida y arráncame la mía,
fúndelas y has una escultura,
que hable de los sueños,
de los anhelos reprimidos,
de los besos ansiados,
de los deseos dormidos.