Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que bello ha sido desnudarme sin pudores,
cuando en el desnudo mi corazón ha participado,
permaneciendo quieto, abierto, expuesto,
para que pasees por todos sus recovecos,
espacios que había guardado celoso,
para mostrar a los ojos,
reconocidos desde mi alma.
Que mágico ver abrir tu fuente en abanicos de colores,
quedando sumergido entre bailes y vaivenes,
que arrullaban en susurros el delicado momento,
más quedé sumido en tu estancia,
por largos espasmos augurando descubrimientos soñados,
conexión infinita desde mi vientre hasta tus ojos
y detrás de ellos la luz,
que ha guiado mi encuentro añorado.
Que enigmático descubrir pamelas desde tu frente,
que ceñían recuerdos lastimados
y que con la fuerza que expide mi pecho,
deseo cicatricen eternas,
desterrando perpetuo las ánimas
que rondaban insensatas tu aliento.
Que fascinación surge entre dos almas,
que con sólo mirarse se quedan prendadas,
hasta mostrar sus llagas enraizadas,
sabiendo que el ungüento emerge diáfano,
desde labios y suspiros,
desde manos cálidas,
del quedarse sosegados, pegados, dulces,
hasta paladear el suspiro,
que desde el vientre inagotable se vino embriagante .
cuando en el desnudo mi corazón ha participado,
permaneciendo quieto, abierto, expuesto,
para que pasees por todos sus recovecos,
espacios que había guardado celoso,
para mostrar a los ojos,
reconocidos desde mi alma.
Que mágico ver abrir tu fuente en abanicos de colores,
quedando sumergido entre bailes y vaivenes,
que arrullaban en susurros el delicado momento,
más quedé sumido en tu estancia,
por largos espasmos augurando descubrimientos soñados,
conexión infinita desde mi vientre hasta tus ojos
y detrás de ellos la luz,
que ha guiado mi encuentro añorado.
Que enigmático descubrir pamelas desde tu frente,
que ceñían recuerdos lastimados
y que con la fuerza que expide mi pecho,
deseo cicatricen eternas,
desterrando perpetuo las ánimas
que rondaban insensatas tu aliento.
Que fascinación surge entre dos almas,
que con sólo mirarse se quedan prendadas,
hasta mostrar sus llagas enraizadas,
sabiendo que el ungüento emerge diáfano,
desde labios y suspiros,
desde manos cálidas,
del quedarse sosegados, pegados, dulces,
hasta paladear el suspiro,
que desde el vientre inagotable se vino embriagante .
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