Antares
Poeta adicto al portal
...Y deshice el ovillo en el que
estaba convertida.
Llevaba demasiado tiempo sintiendo las rodillas en mi frente.
Extendí mis brazos alargando
mis manos,
en busca de libertad.
Y respiré.
Inhalé el aire fresco de la mañana,
en un día de verano,
cuando el olor te transporta
a campos de trigales.
Lento, muy lento,
exhalé.
Exhalé el invierno que aún quedaba dentro de mi.
Abrí mis ojos,
para recibir los colores de la aurora.
A ráfagas,
los primeros rayos de sol,
me impregaban la piel, de su perfume.
La suave brisa mecía las hojas de los álamos,
pareciese que bailaran al compás de los trinos de los pájaros.
La naturaleza en su plenitud,
me envolvía adorablemente.
Allí mismo,
desnudé mi alma,
antes nadie lo hizo.
estaba convertida.
Llevaba demasiado tiempo sintiendo las rodillas en mi frente.
Extendí mis brazos alargando
mis manos,
en busca de libertad.
Y respiré.
Inhalé el aire fresco de la mañana,
en un día de verano,
cuando el olor te transporta
a campos de trigales.
Lento, muy lento,
exhalé.
Exhalé el invierno que aún quedaba dentro de mi.
Abrí mis ojos,
para recibir los colores de la aurora.
A ráfagas,
los primeros rayos de sol,
me impregaban la piel, de su perfume.
La suave brisa mecía las hojas de los álamos,
pareciese que bailaran al compás de los trinos de los pájaros.
La naturaleza en su plenitud,
me envolvía adorablemente.
Allí mismo,
desnudé mi alma,
antes nadie lo hizo.