Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Me quité la cruz del pecho
y la estrella de la boina.
Mi espalda reclamó con desencanto a los pasos,
y los pasos, avergonzados, lamentaron, carencias de profeta.
El viento trajo ecos de la casa del siempre,
y las margaritas se volvieron azules.
La vista no se acostumbra
a mirar campos vacíos de maíz
y sembrados con fusiles de guerra.
Me quité la palabra de la boca
pues el verbo se infectó de demagogia.
El frío cala sobre el cuerpo desnudo
para la realidad...,
siempre sobra la ropa.
y la estrella de la boina.
Mi espalda reclamó con desencanto a los pasos,
y los pasos, avergonzados, lamentaron, carencias de profeta.
El viento trajo ecos de la casa del siempre,
y las margaritas se volvieron azules.
La vista no se acostumbra
a mirar campos vacíos de maíz
y sembrados con fusiles de guerra.
Me quité la palabra de la boca
pues el verbo se infectó de demagogia.
El frío cala sobre el cuerpo desnudo
para la realidad...,
siempre sobra la ropa.
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