Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estelas de recuerdos mustios
en una intermitencia etérea
es todo lo que queda.
Extinta la llama de besos estíos,
de caricias y juramentos; vestigios
de la guerra llevada por el viento,
tragada por la arena y el tiempo.
Lúgubre soledad emancipada
en la decidía de un aposento
tan lleno como esa luna
testigo de promesas, una
de tantas, el amor eterno.
Solo queda un reloj sin arena,
sin tiempos precisos o espacios
donde hallar más que vacíos
y sentir algo más que pena.
Pena por no vivir ni sentir,
por no jugar, besar o reír
de locuras íntimas y ver morir
la bestia que ardía en nuestro ser.
Este cuarto de poco espacio
es más grande que el sideral
donde toma lugar el funeral
Por la inanición de lo extinto.
La rutina, con su trama capital
jugó fichas atestadas de alevosía,
Inflada de rabia y melancolía
cantó victoriosa triunfal.
Y todo... Por la inapetencia,
por el hambre insatisfecha
por el paso de aquella fecha
Olvidada sin consciencia.
en una intermitencia etérea
es todo lo que queda.
Extinta la llama de besos estíos,
de caricias y juramentos; vestigios
de la guerra llevada por el viento,
tragada por la arena y el tiempo.
Lúgubre soledad emancipada
en la decidía de un aposento
tan lleno como esa luna
testigo de promesas, una
de tantas, el amor eterno.
Solo queda un reloj sin arena,
sin tiempos precisos o espacios
donde hallar más que vacíos
y sentir algo más que pena.
Pena por no vivir ni sentir,
por no jugar, besar o reír
de locuras íntimas y ver morir
la bestia que ardía en nuestro ser.
Este cuarto de poco espacio
es más grande que el sideral
donde toma lugar el funeral
Por la inanición de lo extinto.
La rutina, con su trama capital
jugó fichas atestadas de alevosía,
Inflada de rabia y melancolía
cantó victoriosa triunfal.
Y todo... Por la inapetencia,
por el hambre insatisfecha
por el paso de aquella fecha
Olvidada sin consciencia.