Desnutrición conyugal

Lexema

Poeta que considera el portal su segunda casa
Estelas de recuerdos mustios
en una intermitencia etérea
es todo lo que queda.
Extinta la llama de besos estíos,


de caricias y juramentos; vestigios
de la guerra llevada por el viento,
tragada por la arena y el tiempo.
Lúgubre soledad emancipada


en la decidía de un aposento
tan lleno como esa luna
testigo de promesas, una
de tantas, el amor eterno.


Solo queda un reloj sin arena,
sin tiempos precisos o espacios
donde hallar más que vacíos
y sentir algo más que pena.


Pena por no vivir ni sentir,
por no jugar, besar o reír
de locuras íntimas y ver morir
la bestia que ardía en nuestro ser.


Este cuarto de poco espacio
es más grande que el sideral
donde toma lugar el funeral
Por la inanición de lo extinto.


La rutina, con su trama capital
jugó fichas atestadas de alevosía,
Inflada de rabia y melancolía
cantó victoriosa triunfal.


Y todo... Por la inapetencia,
por el hambre insatisfecha
por el paso de aquella fecha
Olvidada sin consciencia.
 
Ups, cuando dejamos de alimentar el fuego del deseo, de la complicidad, de la compañía, inevitablemente cualquier relación morirá desnutrido de ese maravilloso sentimiento llamado amor, que unió a dos seres, y que luego, lamentablemente hay uno de ellos quién más padece el fatídico triunfo de la rutina. Un placer llegar hasta tus versos y que éstos me hayan permitido reflexionar y dejar impreso mi opinión. Saludos cordiales, Poeta.
 
Muchas gracias por tus pasos por este callejón
y por tan dulces palabras entregadas en tu opinión.
 
Ciertamente, hay una correlación muy lógica en el mensaje que ofrecen tus versos, los cuales poco a poco cuentan una historia
que es definida prácticamente por el título. Cosas de la vida que se dan, cuando se diluye el verdadero amor.
Muy elaborada su historia en un insuperable poema.
Cordialmente, te saluda un amigo:
 
Estelas de recuerdos mustios
en una intermitencia etérea
es todo lo que queda.
Extinta la llama de besos estíos,


de caricias y juramentos; vestigios
de la guerra llevada por el viento,
tragada por la arena y el tiempo.
Lúgubre soledad emancipada


en la decidía de un aposento
tan lleno como esa luna
testigo de promesas, una
de tantas, el amor eterno.


Solo queda un reloj sin arena,
sin tiempos precisos o espacios
donde hallar más que vacíos
y sentir algo más que pena.


Pena por no vivir ni sentir,
por no jugar, besar o reír
de locuras íntimas y ver morir
la bestia que ardía en nuestro ser.


Este cuarto de poco espacio
es más grande que el sideral
donde toma lugar el funeral
Por la inanición de lo extinto.


La rutina, con su trama capital
jugó fichas atestadas de alevosía,
Inflada de rabia y melancolía
cantó victoriosa triunfal.


Y todo... Por la inapetencia,
por el hambre insatisfecha
por el paso de aquella fecha
Olvidada sin consciencia.
Profundas letras que desprenden muchos sentimientos y sensaciones , un analisis interno junto a una situación. Un abrazo
 

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