gilbran
Ernesto Salgari
Hoy mi espalda
se cubrió de un frío glacial,
ese que talla
catedrales blancas
en los confines australes
del mundo.
sopló en mi pecho
su gélido vaho
de desolación.
Me quedé inmóvil
crispados los músculos
de mi ilusa humanidad,
crucificado fue
cada intento de palabra
o pensamiento
en su hielo mortal.
Riguroso trabajo
el de la angustia,
magistral en su detalle
de clavar espinas
allí donde el incauto duerme.
Mientras tanto
entre el estupor y la agonía,
un gato pasea su cola milagrosa
por mis pies entumecidos.
pude zafar
de una muerte parcial
y no menos rotunda.
se cubrió de un frío glacial,
ese que talla
catedrales blancas
en los confines australes
del mundo.
sopló en mi pecho
su gélido vaho
de desolación.
Me quedé inmóvil
crispados los músculos
de mi ilusa humanidad,
crucificado fue
cada intento de palabra
o pensamiento
en su hielo mortal.
Riguroso trabajo
el de la angustia,
magistral en su detalle
de clavar espinas
allí donde el incauto duerme.
Mientras tanto
entre el estupor y la agonía,
un gato pasea su cola milagrosa
por mis pies entumecidos.
pude zafar
de una muerte parcial
y no menos rotunda.
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