Limaris
Poeta recién llegado
Pobre cisne solitario y taciturno
en su lago de turbia mansedumbre,
y ¡ay! pobre de mí, nula y atada
a esta existencia inefable y lúgubre.
No encuentro refugio en el cielo azul,
las nubes etéreas carecen de sentido,
ya no llamo a gritos los recuerdos bellos
que en los estragos del tiempo se han perdido.
Ya no sé qué es esto que me sigue,
esa mancha teñida en la pared,
¿será la sombra inerte de mi cuerpo,
o simplemente el reflejo de mi ser?
¿Qué caja de Pandora me tocó abrir?,
Inocente pensé tendría gratas sorpresas;
no hay amor, no hay ocio, no hay dicha,
mas sus maleficios cautivan mi alma presa.
Si como Ulises tuvo gracia de Atenea
yo hubiese tenido la gracia del destino,
hubiera alcanzado mis inaccesibles anhelos,
pero los años fueron traicioneros y mezquinos.
Quisiera calmar mi espíritu desolado
al menos con una postrera remembranza,
no quisiera dejar este mundo sabiendo
que en mí no hay recodos de esperanza.
Me gustaría al buscar en mi jardín desierto
encontrar al menos una blanca rosa,
aunque no sea la más erguida,
aunque no sea la más hermosa.
No habrá nadie al cesar mi perpetua lucha
que comparta mi efímero frenesí,
sólo me acompañan mi puño y mis versos,
pues ambos alzan mi torre de marfil.
en su lago de turbia mansedumbre,
y ¡ay! pobre de mí, nula y atada
a esta existencia inefable y lúgubre.
No encuentro refugio en el cielo azul,
las nubes etéreas carecen de sentido,
ya no llamo a gritos los recuerdos bellos
que en los estragos del tiempo se han perdido.
Ya no sé qué es esto que me sigue,
esa mancha teñida en la pared,
¿será la sombra inerte de mi cuerpo,
o simplemente el reflejo de mi ser?
¿Qué caja de Pandora me tocó abrir?,
Inocente pensé tendría gratas sorpresas;
no hay amor, no hay ocio, no hay dicha,
mas sus maleficios cautivan mi alma presa.
Si como Ulises tuvo gracia de Atenea
yo hubiese tenido la gracia del destino,
hubiera alcanzado mis inaccesibles anhelos,
pero los años fueron traicioneros y mezquinos.
Quisiera calmar mi espíritu desolado
al menos con una postrera remembranza,
no quisiera dejar este mundo sabiendo
que en mí no hay recodos de esperanza.
Me gustaría al buscar en mi jardín desierto
encontrar al menos una blanca rosa,
aunque no sea la más erguida,
aunque no sea la más hermosa.
No habrá nadie al cesar mi perpetua lucha
que comparta mi efímero frenesí,
sólo me acompañan mi puño y mis versos,
pues ambos alzan mi torre de marfil.