Me llora el alma a raudales
por tí, querido viejito;
te mueres tan despacito
como el sol tras los maizales.
Yo no olvido los anales
de tu relación conmigo:
fuiste un gran padre y amigo,
un alma tan pura y buena
que no merece la pena
de morir como castigo.
Voy a extrañarte, mi viejo,
cuando estés en la inconsciencia
y antes que ocurra tu ausencia,
mi abrazo grande te dejo.
Voy a mirarme en tu espejo
si las nostalgias afloran
y mis lágrimas que añoran
sentir tu voz y tu afecto,
romperán aquel concepto
de que los hombres no lloran.
por tí, querido viejito;
te mueres tan despacito
como el sol tras los maizales.
Yo no olvido los anales
de tu relación conmigo:
fuiste un gran padre y amigo,
un alma tan pura y buena
que no merece la pena
de morir como castigo.
Voy a extrañarte, mi viejo,
cuando estés en la inconsciencia
y antes que ocurra tu ausencia,
mi abrazo grande te dejo.
Voy a mirarme en tu espejo
si las nostalgias afloran
y mis lágrimas que añoran
sentir tu voz y tu afecto,
romperán aquel concepto
de que los hombres no lloran.
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