Andréstoto
Poeta recién llegado
Hoy en la oscuridad de mí vida, de nuevo siento una sensación inhóspita, que me nubla el corazón. Otra vez respiro angustia; otra vez escucho el susurro de una palabra callada por una mirada eternamente hostil. Otra vez observo tú rostro inolvidablemente único y hermoso, el cual me provoca dolor. Ya no quiero acallarme. Ya no quiero silenciar mí grito. Ya no quiero el intentar, el lograr encerrar éste flemático, mísero y perenne sentimiento maldito. Debo arrancarte de mí; es necesario hacerlo, si no lo hago creo que ya no resistiré más. Alma mía, aliento mío, corazón; dejen de mirarla. Ella es mi amargura. Ella es mi tormento. Ella está en mis sueños. Ella es mi aliento, es mi aire, es mi pensamiento, es mi dolor, mi ilusión amarga es ella. Debo decirte adiós para siempre; es tiempo de morir. Ya no lucharé por tú amor, ya no sangraré por tú silueta. Tus recuerdos, tus memorias;
Tú ser, dejarán de existir. Me duele el alma, el haber perdido la guerra. Ahora solo me resta, mirarte perpetuamente y gritar en un apabullante murmullo ensordecedor e inaudible; tú nombre y mi amarga despedida. Tú no la escucharás, tú no sabrás del dolor que me causa alejarme y renunciar a éste maldito amor. ¿Por qué tenemos que amar? ¿Por qué amas y no eres feliz? ¿Por qué duele él alma quererte? ¿Por qué te quiero y no lo sabes? ¿El amor es un castigo, o es ha caso éste vacío desmesurado y la soledad despoblada en el asilamiento de la multitud fría; el precio que debo pagar por enamorarme de ti? ¿Por qué cuando amas debes decir adiós? ¿Por qué tuve que enamorarme de ti? ¿Por qué tengo que dejarte de amar? Adiós, adiós, adiós amor. Imagino que tú has sido mía, ¿Algún día te encontraré? La realidad es otra muy diferente, cruel y contraria a mis desdichadas ilusiones melancólicas. Cada uno de nosotros debe tomar caminos diferentes. Y tendré que mirarte desaparecer en el horizonte. Mi amor es una triste tragedia. Sólo quedaré recogiendo pedazos de estrellas; que murieron por el dolor de dejarte de amar. Adiós amor, adiós ángel; me enamoré de ti, y ahora eres mí lucero fugaz que me acompaña en la fría distancia de una despedida mortal. Siempre y hasta la postrimería del tiempo te amaré en silencio; y cada día me enamoraré de ti en mis sueños. Y lloraré en silencio, porque mis sueños son la realidad y la realidad es la fantasía. Adiós amor mío; adiós por siempre
Eternamente Andrés Quinteros. Por: Andrés Quinteros R.