Cayeron en la tarde las palabras,
con el tono inexorable, de tu acento.
Lo que ayer habia sido un juramento,
hoy fué la despedida mas amarga.
con el tono inexorable, de tu acento.
Lo que ayer habia sido un juramento,
hoy fué la despedida mas amarga.
te escuché, y comprendí que encasillada,
tu alma pedía rumbo y horizonte.
Callé mi dignidad, como los hombres,
y me sentí morir, mientras hablabas.
tu alma pedía rumbo y horizonte.
Callé mi dignidad, como los hombres,
y me sentí morir, mientras hablabas.
Te acompañé al camino que anhelabas,
te besé, te dejé ir, con mi alma muerta.
Entré. Cerré los ojos tras la puerta.
Golpearon, Abrí... y allí estabas.
te besé, te dejé ir, con mi alma muerta.
Entré. Cerré los ojos tras la puerta.
Golpearon, Abrí... y allí estabas.
Marino Fabianesi