Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amor, quítate la ropa y tírate a la cama,
olvídate del mundo,
olvida que faltan pocas horas para decir adiós.
Calla y sólo siente
Treparé tu cuerpo como amazona,
repasaré el caramelo de tus ojos
y esa forma perfecta de tus labios.
Mi índice acariciará tus cejas
mientras te regalo mi media sonrisa
e intento aquietar mis tristes pensamientos.
Te diré al oído que soy toda tuya,
te susurraré cuanto te quiero.
Y te amaré, no solo con el cuerpo,
te amaré hasta con el alma.
Desde tú posición horizontal verás,
como mi fuego perpendicular a ti, te consume,
para cuando sientas frío, este recuerdo te caliente,
para cuando te sientas solo, pienses
que en este puerto te espero,
para que me lleves colgado a tu cuello como amuleto,
para que sencillamente, no me olvides.
Empaca en tu maleta,
todos los apasionados recuerdos acumulados,
todas esas mañanas compartidas,
los dulces besos y caricias,
todo lo que fuimos en esa libertad,
cuando escondidos, somos, sin máscaras, tú y yo.
Pero déjame la certeza,
que a mis brazos regresarás.
Te hago la promesa, que a tu regreso,
aquí estaré con ganas de volverte amar.
olvídate del mundo,
olvida que faltan pocas horas para decir adiós.
Calla y sólo siente
Treparé tu cuerpo como amazona,
repasaré el caramelo de tus ojos
y esa forma perfecta de tus labios.
Mi índice acariciará tus cejas
mientras te regalo mi media sonrisa
e intento aquietar mis tristes pensamientos.
Te diré al oído que soy toda tuya,
te susurraré cuanto te quiero.
Y te amaré, no solo con el cuerpo,
te amaré hasta con el alma.
Desde tú posición horizontal verás,
como mi fuego perpendicular a ti, te consume,
para cuando sientas frío, este recuerdo te caliente,
para cuando te sientas solo, pienses
que en este puerto te espero,
para que me lleves colgado a tu cuello como amuleto,
para que sencillamente, no me olvides.
Empaca en tu maleta,
todos los apasionados recuerdos acumulados,
todas esas mañanas compartidas,
los dulces besos y caricias,
todo lo que fuimos en esa libertad,
cuando escondidos, somos, sin máscaras, tú y yo.
Pero déjame la certeza,
que a mis brazos regresarás.
Te hago la promesa, que a tu regreso,
aquí estaré con ganas de volverte amar.