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La luz nos trae el espanto
del diario despertar.
La agonía de la carne.
La mentira de la sangre.
El crepitar de nuestro dolor
resuena en las catedrales
del más duro silencio.
Devorados por la vida,
regurgitados en nuestro infierno privado.
La esperanza se desdibuja
en caretas de espanto.
El aire se petrifica
en un duro rencor
y mil soles descarnan
nuestra impotencia;
la impotencia de estar vivos,
la fría nostalgia por la Muerte.
Poeta que no puede vivir sin el portal
La luz nos trae el espanto
del diario despertar.
La agonía de la carne.
La mentira de la sangre.
El crepitar de nuestro dolor
resuena en las catedrales
del más duro silencio.
Devorados por la vida,
regurgitados en nuestro infierno privado.
La esperanza se desdibuja
en caretas de espanto.
El aire se petrifica
en un duro rencor
y mil soles descarnan
nuestra impotencia;
la impotencia de estar vivos,
la fría nostalgia por la Muerte.
Bueno yo soy más vitalista que todo lo que cuentas pero me interesa de tu poema el como lo cuentas porque escribes fluido y bello en su forma. Un abrazo amigo Khar. Paco.
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