I
De norte a sur resplandece,
el sol en su inmensidad,
en esta densa virginidad,
tras los siglos permanece.
Es el natural apéndice,
de esta tierra poderosa.
Teotihuacan aquí reposa,
en su imperio indolente,
en el mundo referente,
en cosmogóricas fosas.
II
Es el reino del jaguar,
y de los ojos del cielo,
América descorre el velo,
América quiere volar.
La sabiduría ejemplar,
de una ancestral cultura.
Sueño de un pueblo que cura,
destino de la humanidad,
declarando la libertad,
amordazando la usura.
III
Llanuras y planicies,
los montes y grandes ríos,
llamas, pirañas y saurios,
aracnidos y ciempies.
Desde la cumbre a mil pies.
imponente la llanura.
Allí siembra la espesura,
al bosque ecuatorial,
y la aurora austral,
vence a la noche oscura.
IV
Conquistadores no existen,
que puedan mancillar,
ni el sueño dilapidar
de un pueblo que resiste.
Aún en tu alma existe,
el fuego de la unidad.
Saca de tí la identidad,
y comienza a respirar,
y un mañana ha de llegar,
en que reine la libertad.
V
Dice la historia popular,
de la Pampa al Yucatán,
que dioses resucitarán,
y nuevos tiempos han de llegar.
Que ya es tiempo de apagar,
el fuego de la ceguera,
Se desgarra el alma entera,
de tanto tiempo de olvido,
del calvario permitido,
de esta tan larga espera.
VI
Despierta las Americas,
hoy es un nuevo amanecer,
que nadie hubrá de vencer,
se escucharon vuestras súplicas.
La sangre ya no salpica,
ni mueren los inocentes,
Pues un corazon valiente
regaló la naturaleza.
Ya se extinguió la pobreza,
los campos fértiles son,
tributos se rinde al sol,
con la sublime fortaleza.