DESPOJOS DE UN FRACASO
Juega la ondina con aquellas letras caídas
como escamas arrancadas
como plumas esparcidas por el viento
como hojas otoñales
como letras desvaídas
como azules desvestidos de su gloria
como una mirada con destino al infinito
(o tal vez a mi)
perdida desde tus ojos
Juega la ondina sobre un horizonte helado
con las jarcias como el último cabello
con nubes atrapadas en un sueño
con aquel muñeco roto
que se escapó del museo
Juega la ondina de regreso a su fondo de corales
como un tahúr que trasnocha
como la bailarina desnuda que abandona el cabaret
como ese pensamiento atroz
como el vaso donde esparces el alcohol voluptuoso
como esa uña roída
como la mesa de mármol que una vez fue lápida cubierta por la hiedra
Juega la ondina con su rosario sacrílego
con tu mirada furtiva
con esa tu caricia esquiva
con tu amor abandonado
con la canción no cantada
con tu piel enamorada que acaricio en mi soñar
con las alas que quisiera (pero ya no sería ondina)
con el bosque prometido donde los faunos la esperan
con mis labios leporinos
con mi piel desescamada
con todas mis ilusiones aventadas sobre el mar
Mi ondina reseca y frágil
lo único que me queda aparte de la esperanza
mi mundo de fantasía roto
como un espejo abandonado
qué difícil es volver a vivir...
Ilust.: Leonora Carrington. “Angel hunters” 1950
Juega la ondina con aquellas letras caídas
como escamas arrancadas
como plumas esparcidas por el viento
como hojas otoñales
como letras desvaídas
como azules desvestidos de su gloria
como una mirada con destino al infinito
(o tal vez a mi)
perdida desde tus ojos
Juega la ondina sobre un horizonte helado
con las jarcias como el último cabello
con nubes atrapadas en un sueño
con aquel muñeco roto
que se escapó del museo
Juega la ondina de regreso a su fondo de corales
como un tahúr que trasnocha
como la bailarina desnuda que abandona el cabaret
como ese pensamiento atroz
como el vaso donde esparces el alcohol voluptuoso
como esa uña roída
como la mesa de mármol que una vez fue lápida cubierta por la hiedra
Juega la ondina con su rosario sacrílego
con tu mirada furtiva
con esa tu caricia esquiva
con tu amor abandonado
con la canción no cantada
con tu piel enamorada que acaricio en mi soñar
con las alas que quisiera (pero ya no sería ondina)
con el bosque prometido donde los faunos la esperan
con mis labios leporinos
con mi piel desescamada
con todas mis ilusiones aventadas sobre el mar
Mi ondina reseca y frágil
lo único que me queda aparte de la esperanza
mi mundo de fantasía roto
como un espejo abandonado
qué difícil es volver a vivir...
Ilust.: Leonora Carrington. “Angel hunters” 1950