Andeco
Poeta recién llegado
Despúes del medio día las cigarras se convierten en fuego,
el humo de su música ahoga los gritos del que no puede obedecer al camino porque cede a intenciones opuestas a lo divino, deseos subterraneos.
Tengo dos balas: la primera es el resultado de silencios prolongados
y la definitiva, el fin propio, es la mancha de una preocupación que me espera sobre el mármol de un muerto conocido, el único, el maldecido por sí mismo.
No podría morir por nadie más que por ti, no me canso de darle vueltas a lo repetido o al descuido de saltar sin tu boca (la ventana me invita).
Ojalá mañana la mesa traiga algo más que porcelana blanca, dos cuervos en almíbar...
el humo de su música ahoga los gritos del que no puede obedecer al camino porque cede a intenciones opuestas a lo divino, deseos subterraneos.
Tengo dos balas: la primera es el resultado de silencios prolongados
y la definitiva, el fin propio, es la mancha de una preocupación que me espera sobre el mármol de un muerto conocido, el único, el maldecido por sí mismo.
No podría morir por nadie más que por ti, no me canso de darle vueltas a lo repetido o al descuido de saltar sin tu boca (la ventana me invita).
Ojalá mañana la mesa traiga algo más que porcelana blanca, dos cuervos en almíbar...
Última edición: