DESPUÉS DE LA BATALLA, EN ALEPO
Me llegas imprevista como la noche,
nacida del cálido aliento del ocaso.
Me llegas, diosa láctea, al conjuro
de la cárdena bruma de los vinos.
En la dolorosa encrucijada
de los campos de batalla me requieres
y juntos caminamos como estatuas
entre las pálidas alineaciones de cadáveres.
Preparados están los holocaustos,
las olorosas maderas, los aromas
que mitiguen el insoportable olor de la batalla.
Como gritos minerales, como hirientes carcajadas
el silencio de los muertos nos perfora,diosa láctea.
Entre los negros cipreses nace, amarilla, el alba.
Me llegas imprevista como la noche,
nacida del cálido aliento del ocaso.
Me llegas, diosa láctea, al conjuro
de la cárdena bruma de los vinos.
En la dolorosa encrucijada
de los campos de batalla me requieres
y juntos caminamos como estatuas
entre las pálidas alineaciones de cadáveres.
Preparados están los holocaustos,
las olorosas maderas, los aromas
que mitiguen el insoportable olor de la batalla.
Como gritos minerales, como hirientes carcajadas
el silencio de los muertos nos perfora,diosa láctea.
Entre los negros cipreses nace, amarilla, el alba.