Después de la hora nona

SONRISA

Poeta adicto al portal



El viento de la sabana burla las faldas,
su hálito yerto se tamiza.

Es la hora de los diques
ríos humanos confluyen en vértigo,
ocasos en desbandada es ganancia de transportadores,
cuerpos infestados de sal
sin cantos de pez en las redes,
vaivén de hastío sobre un mar de asfalto
una hora o quizás tres.

La tarde bosteza, eriza su piel naranja
transeúnte en casa
camina tranquila al desplegar las sombras.

Mi cuerpo, atrapado en nieve
se siente óbice,
grita
cambia su membrana de matiz...

¡Sí!,
él tiene el don de rescatarme
de mi mirada asombrada,
su sonrisa diluye las tinieblas,
demasiado cerca para que mis palabras
anuden en la hora última
la polifonía de su voz.



 
Última edición:


El viento de la sabana no se cansa de burlar las faldas,
su hálito yerto, incomoda, se tamiza entre las piernas.

Es la hora de los diques
se abren compuertas y ríos humanos confluyen en vértigo,
en horas revueltas, ganancia de transportadores,
latas de humanos infestados de sal,
sin cantos de pez en las redes
se limitan a sus propios pensamientos.
Vaivén de hastío sobre un mar de asfalto
una hora, dos o quizás tres.

El ocaso bosteza, eriza su piel naranja
y como transeúnte en casa
camina tranquilo al desplegar las sombras.

Mi cuerpo helado, atrapado en nieve, se siente óbice,
grita, cambia su membrana de matiz.

Sí, él tiene el don de rescatarme de mi mirada asombrada,
su sonrisa diluye las tinieblas,
demasiado cerca para que mis palabras
anuden en la hora última
la polifonía de su voz.

El tráfago citadino y su cantar. Multitud de solitarios que se acompañan desdeñosamente, apretujados ya maltrechos. Atardecer de pensamientos que se van a su silencio escandalosamente y se covierten en "alguien" en la multitud. Excelente como evocador tu estupendo Poeta Sonrisa.
Un abrazo afectuoso desde México...
anthua62
 


El viento de la sabana no se cansa de burlar las faldas,
su hálito yerto, incomoda, se tamiza entre las piernas.

Es la hora de los diques
se abren compuertas y ríos humanos confluyen en vértigo,
en ocasos revueltos, ganancia de transportadores,
latas de humanos infestados de sal,
sin cantos de pez en las redes
se limitan a sus propios pensamientos.
Vaivén de hastío sobre un mar de asfalto
una hora, dos o quizás tres.

La tarde bosteza, eriza su piel naranja
y como transeúnte en casa
camina tranquila al desplegar las sombras.

Mi cuerpo helado, atrapado en nieve, se siente óbice,
grita, cambia su membrana de matiz.

Sí, él tiene el don de rescatarme de mi mirada asombrada,
su sonrisa diluye las tinieblas,
demasiado cerca para que mis palabras
anuden en la hora última
la polifonía de su voz.


Me ha gustado, sugerentes imágenes y certeras metáforas. Un abrazo poeta Sonrisa. Paco.
 

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