Destructiva morada donde encuentro cabida
a mis noches en blanco, a mis días en negro.
Comido de rencores, desvalecido,
desvanecido.
Aún corre por mis venas tu recurso fatal
que tan triunfal se demostraba ayer
a mi lánguido cuerpo
que reptando se acerca a todos lados.
Soy un reptil, una lombriz.
Gusano invertebrado comedor de tierra
que encierra en sus adentros los secretos del cambio, la ausencia del dolor.
Que los remordimientos cerca del corazón que nunca hubo albergan la rabia del día anterior.
Pero soy uno más
y uno menos de aquellos compañeros de carga y descarga que ya no anhelo.
Mejores soys vosotros para mi.
Porque por vosotros lo haceis y reconoceis el lapso de tiempo perdido a la sombra de su abrigo.
Demencia senil anticipada que las puertas de la vida traba.
Esta es mi venganza:
Permanecer ausente de la cábala espirituosa que fue siempre.
Que me mostró y demostró paciéntemente
que mi mente mudaba al desconsuelo
y hoy consolando a otros crece el talante desconocido de mi memoria.
Vengan a mi cien tormentos
que la espada que blando despejará el camino
de malezas y oscuras asperezas
y un cielo claro y soleado como nunca
se alza sobre mi y hace camino al fin de este sendero que empiezo a caminar
aún al principio de mi vida,