AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
DESPUÉS DE TI
Amor: el color del silencio
y de esta soledad te llaman,
te necesitan aquí donde la
lluvia persiste en ese goteo
tan fino como el susurro
tenue del vuelo de un violín,
en su insistencia de entretener
mi soledad descolorida y pálida.
Juraré que no he muerto cuando
tus manos de seda recorran
mi piel y la luna relumbre
en este saxofón sonoro
y en el gemido de un toro
que ama a la luna, escondida
en el pergamino histórico
y soñoliento, de mis deseos
fortuitos, escritos en mis células
de amor por ti. ¡Ay amor!
Amor de cada día, en cada instante,
tu sangre hierve en mis sienes
y un orgasmo vuela a tu rivera
mientras una gata en celo huye
de su atrevido amor, liviano
y nocturno, como un océano
en su profundidad, mis entrañas
palpitan y deambulan como
estrellas, que nunca se aferraron
en el firmamento, sino hasta
que se ocultó el sol, en una puesta
de otro astro, iluminado en otra
galaxia terca y majadera,
y persistente, que no me deja dormir...
Amo la vida después de tu existencia,
porque en ti, se engendran magnolios
y madreselvas, preñados de colores
y matices insondables, que jamás morirán.
Amor, el color de tus horas, ha alcanzado
mi vuelo y ya no hay nada que frene
esa pasión de ilusiones y esperanzas.
Estoy en tus suspiros; y en tus labios
no habrá espacio para mis besos,
ni siquiera en toda tu piel cabrán
porque los guardo cada segundo,
cuando invento en que te pienso
y te respiro. Aun no sé qué separa
tu existencia de mi alma y yo te amo...
Augus
Amor: el color del silencio
y de esta soledad te llaman,
te necesitan aquí donde la
lluvia persiste en ese goteo
tan fino como el susurro
tenue del vuelo de un violín,
en su insistencia de entretener
mi soledad descolorida y pálida.
Juraré que no he muerto cuando
tus manos de seda recorran
mi piel y la luna relumbre
en este saxofón sonoro
y en el gemido de un toro
que ama a la luna, escondida
en el pergamino histórico
y soñoliento, de mis deseos
fortuitos, escritos en mis células
de amor por ti. ¡Ay amor!
Amor de cada día, en cada instante,
tu sangre hierve en mis sienes
y un orgasmo vuela a tu rivera
mientras una gata en celo huye
de su atrevido amor, liviano
y nocturno, como un océano
en su profundidad, mis entrañas
palpitan y deambulan como
estrellas, que nunca se aferraron
en el firmamento, sino hasta
que se ocultó el sol, en una puesta
de otro astro, iluminado en otra
galaxia terca y majadera,
y persistente, que no me deja dormir...
Amo la vida después de tu existencia,
porque en ti, se engendran magnolios
y madreselvas, preñados de colores
y matices insondables, que jamás morirán.
Amor, el color de tus horas, ha alcanzado
mi vuelo y ya no hay nada que frene
esa pasión de ilusiones y esperanzas.
Estoy en tus suspiros; y en tus labios
no habrá espacio para mis besos,
ni siquiera en toda tu piel cabrán
porque los guardo cada segundo,
cuando invento en que te pienso
y te respiro. Aun no sé qué separa
tu existencia de mi alma y yo te amo...
Augus