Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Llegaste después del ocaso,
el sol se quejaba con llamas.
La noche tendía las camas,
yo el vino servía en tu vaso.
Dijiste, ya no hay ningún caso,
no vengo por ver si tú me amas,
te vi cómo es que a otros entramas.
Te fuiste soltando un portazo.
Con pena quedé, no entendía
de que situación me acusabas,
con duda sutil me manchabas.
Tu voz un pretexto blandía,
tal vez tu querer se hizo trizas.
Hoy quedan de amor, las cenizas.
Y así con, prisas,
sin más dilaciones: culpable.
de tu desamor, innegable.