Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Despueseando
Después de recorrer la esquina,
el jardín, la cocina y
tu cama,
me gusta decirme que te amo,
pero a mi corazón cual bola de cristal
del mal agüero le despostillaron
el canal de la confianza,
después de recorrer con la mirada
los rulos de miel de tu cabeza,
tu cuello de venera exento de manzana y
tu espalda que sé sería para mi tinta blanca
el paño exacto para descansar en él un verso,
un beso,
mi alma de gourmet... me gusta decirme
que eres el manjar perverso que requieren
las fantasías de mis sueños,
después de recorrer toda tu piel
excepto un rincón a la izquierda de tu pecho
sé que me podría aposentar en tus axilas,
en tus piernas o tus nalgas,
pero el daño ancestral que me dejó
en el alma otro cuerpo,
no me sana con el lubricar de las miradas,
ni con el hacerme caramelo con otras caricias o
el fundirme con amor o sin amor en otro cuerpo.
Gayo. 19.1.11 en una tarde en donde los hálitos de la misma, refrescan crudamente las evocaciones de lo que pudiendo ser, se dio la vuelta en una esquina inventada y no levantó la mano por temor a que un viento de verdad le hiciera quedarse a cumplir con las responsabilidades.
.
Después de recorrer la esquina,
el jardín, la cocina y
tu cama,
me gusta decirme que te amo,
pero a mi corazón cual bola de cristal
del mal agüero le despostillaron
el canal de la confianza,
después de recorrer con la mirada
los rulos de miel de tu cabeza,
tu cuello de venera exento de manzana y
tu espalda que sé sería para mi tinta blanca
el paño exacto para descansar en él un verso,
un beso,
mi alma de gourmet... me gusta decirme
que eres el manjar perverso que requieren
las fantasías de mis sueños,
después de recorrer toda tu piel
excepto un rincón a la izquierda de tu pecho
sé que me podría aposentar en tus axilas,
en tus piernas o tus nalgas,
pero el daño ancestral que me dejó
en el alma otro cuerpo,
no me sana con el lubricar de las miradas,
ni con el hacerme caramelo con otras caricias o
el fundirme con amor o sin amor en otro cuerpo.
Gayo. 19.1.11 en una tarde en donde los hálitos de la misma, refrescan crudamente las evocaciones de lo que pudiendo ser, se dio la vuelta en una esquina inventada y no levantó la mano por temor a que un viento de verdad le hiciera quedarse a cumplir con las responsabilidades.
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