Curandera
Poeta recién llegado
Las ambulancias gimen inconscientes,
rodando veloces iluminadas por la muerte,
supurando alientos que yacen inertes,
en medio de vándalos y vagos mirones.
Mendigos abandonados y torturados
acompañados de soledad y oscuridad,
ni la luna se asoma desde su balcón,
para ver lo que ocurre e ir a cotillear.
La calle grita hambrienta de sangre,
cuchillos rasguñan sociopatas la carne,
de los desgraciados que no tienen,
ni donde caer para dejarse morir...
Los cobardes solo a por el débil ,
las películas diarias grabadas en móvil,
la violencia no encuentra obstáculo,
la muerte no es para nadie el fin.
¿Qué pasa que nadie te deja vivir?
Se encienden las luces,
que iluminan la ruin calle,
amaneciendo otra vez.
El despertador me hace caer,
y no quiero levantarme,
no he podido ni cerrar,
las persianas de mis ojos,
que se resisten a observar,
el mundo que se despierta,
en medio de crueles pesadillas,
de persecuciones sin salida,
y muertes anónimas y solitarias,
cuyos fantasmales cuerpos,
sin flores, sepulcros ni lápidas,
vivirán en mi mismo infierno...
En verdad no somos distintos,
todos vamos a parar al mismo sitio.
rodando veloces iluminadas por la muerte,
supurando alientos que yacen inertes,
en medio de vándalos y vagos mirones.
Mendigos abandonados y torturados
acompañados de soledad y oscuridad,
ni la luna se asoma desde su balcón,
para ver lo que ocurre e ir a cotillear.
La calle grita hambrienta de sangre,
cuchillos rasguñan sociopatas la carne,
de los desgraciados que no tienen,
ni donde caer para dejarse morir...
Los cobardes solo a por el débil ,
las películas diarias grabadas en móvil,
la violencia no encuentra obstáculo,
la muerte no es para nadie el fin.
¿Qué pasa que nadie te deja vivir?
Se encienden las luces,
que iluminan la ruin calle,
amaneciendo otra vez.
El despertador me hace caer,
y no quiero levantarme,
no he podido ni cerrar,
las persianas de mis ojos,
que se resisten a observar,
el mundo que se despierta,
en medio de crueles pesadillas,
de persecuciones sin salida,
y muertes anónimas y solitarias,
cuyos fantasmales cuerpos,
sin flores, sepulcros ni lápidas,
vivirán en mi mismo infierno...
En verdad no somos distintos,
todos vamos a parar al mismo sitio.