Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Perdida en el dolor de mi tierra,
partió mi alma al reino del norte
cual ave herida en la cruenta guerra.
Atrás, el escaño de la corte
frió quedó: leño que no arde,
vacío del hijo y la consorte.
Puerto Rico, tierra del cobarde!
Me viste partir hacia el destierro
como alondra que lleva la tarde.
Parias de la acrópolis de hierro,
cual mendigos la mano extendida,
Pagan de Muñoz el triste yerro...
hombres muertos de moral rendida
a la noria de la "asociación":
Viejo laberinto sin salida.
Duele en la memoria la canción,
canto del pobre que no luchó,
que ensucia al riqueño corazón.
Duele la estrella que amaneció,
ilusión de la gloria cubana
que el jibarito nunca entendió.
Desprecio el conformismo que emana
de ti, ignorante puertorriqueño,
que haces de la colonia tu hermana.
Lloro al ver morir el bello sueño,
de ver a mi país cual gran peñón
de soldados de vetusto ceño,
de hombres fieros ante el cañón,
de alas fuertes en el camino
del honor, la patria y la razón.
Mas tiemblo de rabia ante el destino
de mi pueblo que hoy mira hacia abajo:
Bestias bajo el peso del molino!
Mirote con pena, Puerto Rico,
porque a tu dignidad tienes miedo:
Miedo que al hombre vuelve perico,
verborreando al mundo con denuedo
la antigua farsa de la identidad
cada cuatro años en el ruedo.
Predicas al mundo en soledad,
y en mi ser sólo hay asco y vergüenza,
por que sois sordos a la verdad.
El ELA es la diabólica trenza,
Que sume a mi pueblo en la ceguera:
Hastío del ser que ya ni piensa!
Despierta a la luz del sol primera
y abraza a la ansiosa libertad,
que aguarda cual campo en primavera!
Guía a tu prole a la claridad,
y se nuevo himno y nueva historia!
Destruye el altar de la oscuridad!
Camina el sendero de la gloria!
Se pueblo soberano ante el mundo!
Muera ya el conformismo y la escoria!
Sólo entonces mi dolor profundo
se hará cenizas ante las luces
De Eugenio, de Ramón y Segundo!
Y entonces en mi suelo, de bruces
besaré el terruño borincano,
y moriré amando las tres cruces!
partió mi alma al reino del norte
cual ave herida en la cruenta guerra.
Atrás, el escaño de la corte
frió quedó: leño que no arde,
vacío del hijo y la consorte.
Puerto Rico, tierra del cobarde!
Me viste partir hacia el destierro
como alondra que lleva la tarde.
Parias de la acrópolis de hierro,
cual mendigos la mano extendida,
Pagan de Muñoz el triste yerro...
hombres muertos de moral rendida
a la noria de la "asociación":
Viejo laberinto sin salida.
Duele en la memoria la canción,
canto del pobre que no luchó,
que ensucia al riqueño corazón.
Duele la estrella que amaneció,
ilusión de la gloria cubana
que el jibarito nunca entendió.
Desprecio el conformismo que emana
de ti, ignorante puertorriqueño,
que haces de la colonia tu hermana.
Lloro al ver morir el bello sueño,
de ver a mi país cual gran peñón
de soldados de vetusto ceño,
de hombres fieros ante el cañón,
de alas fuertes en el camino
del honor, la patria y la razón.
Mas tiemblo de rabia ante el destino
de mi pueblo que hoy mira hacia abajo:
Bestias bajo el peso del molino!
Mirote con pena, Puerto Rico,
porque a tu dignidad tienes miedo:
Miedo que al hombre vuelve perico,
verborreando al mundo con denuedo
la antigua farsa de la identidad
cada cuatro años en el ruedo.
Predicas al mundo en soledad,
y en mi ser sólo hay asco y vergüenza,
por que sois sordos a la verdad.
El ELA es la diabólica trenza,
Que sume a mi pueblo en la ceguera:
Hastío del ser que ya ni piensa!
Despierta a la luz del sol primera
y abraza a la ansiosa libertad,
que aguarda cual campo en primavera!
Guía a tu prole a la claridad,
y se nuevo himno y nueva historia!
Destruye el altar de la oscuridad!
Camina el sendero de la gloria!
Se pueblo soberano ante el mundo!
Muera ya el conformismo y la escoria!
Sólo entonces mi dolor profundo
se hará cenizas ante las luces
De Eugenio, de Ramón y Segundo!
Y entonces en mi suelo, de bruces
besaré el terruño borincano,
y moriré amando las tres cruces!