No me mires con tus ojitos de adiós inevitable
ni te quedes para verme empacar el olvido,
solo me marcho en un destierro saludable.
Mi equipaje esta listo, vacío de lo vivido.
No intentes pintar un sol en mi ventana
que mi mirar esta oscurecido,
no tengo esperanza de un mañana.
No ves que estoy vencido.
Soy Quijote de aspas de tiempo detenido
reloj de brazos extendidos que pasa indiferente,
de Dulcineas que navegan en un minuto perdido.
En horarios de puertos de llegadas por siempre.
Tus palabras anidan en mi pecho herido
tu pensamiento duerme en mi memoria,
tu voz hace eco en mi verso querido.
Tus poemas escriben en lo alto de mi historia.
El silencio ha celebrado su paso
cadencioso y lastimero,
me ata sin extender su plazo.
Caminamos como cómplices en aguacero.
No viste mis manos extendidas
ni mi mirada loca que te buscaba,
no acallaste el dolor de mis heridas.
Ni intentaste quedarte cuando te llamaba.
Atrapaba para entonces mi simple poesía
como velero de botella,
cautivándome con todo lo que me mentía.
Tenía la esperanza que esta vez fuera ella.
Ya no despertarán los soles de tu mirada
y la noche de mi soledad se agiganta,
apuñalaste en mi pecho al suspiro y a la vida.
Tu ausencia ahoga los gritos en mi garganta.