Nicolas Bera
Poeta recién llegado
DESTINATARIO
La ausencia disminuye las pequeñas
pasiones y aumenta las grandes,
lo mismo que el viento apaga
las velas y aviva las hogueras.
pasiones y aumenta las grandes,
lo mismo que el viento apaga
las velas y aviva las hogueras.
FRANÇOIS DE LA ROCHEFOUCAULD
Érase una vez un niño sanjuanero, jinete y varonil por herencia,
cuya instancia amorosa perduró quietísima y oscura ante Donna,
inglesa por naturaleza, rubia como un rayo fornido y frágil.
El chico que, consigo, dibuja el paso como guardia que espera
frente al conciso apartado enclavamiento de los besos
por besar, las caricias anheladas, el refresco caudaloso y frío.
Al noveno instante la perspicacia se hace inmensa, como destello
de un vuelo sin alas, o áspid tierna de cara que no mueve su cola,
al décimo correr; escondido, hambriento, quizás, enamorado.
Escabulle en lágrimas la quintaesencia del suplicio retorcido,
lame ácidos de folio y tinta, sus pequeñas manos, aquellas
rosadas y cremas de encantadora línea figurada y palpita.
Habría que ver sus manos,
ellas eran de poetas,
de amantes,
de niño por fin,
de locuras,
de feriantes.
Enclavado y ansioso esperaba el quisquilloso sentimentalista,
aguando cuán ejemplo del sufrimiento quejaron sus fanales,
quizá sintió detenido el canto recurrente de su aroma:
Cuando en dehesas y complexiones cotidianas, dejó de vivirla,
de escuchar la suavecísima melodía, la paradójica e insistente.
Brotó el universo movedizo y vano, perspicaz como aurora.
La memoria repasó aquí su fatalidad, el cuerpo mintió, y el niño
que, ciego todavía, deploraba no haber enviado sus
innumerables cartas vacías, su dedicatoria nunca escrita.
Su voz silente, su ojo oscuro, su despedida triste y auténtica.
Nicolás Bera