Destino e instante

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Si alguna vez el pájaro escupió su sombra
fue cuando escapé del túnel de la infancia:
soy menos voz que panqué de tierra
pero te miré a lo lejos,
te debatías entre resplandores y siluetas,
y a tus ojos los llamé destino
y caminé por los años mal contados,
arrancando moras de las verjas
para llegar a ti con poco de color sobre la lengua.

Agazapada entre el énfasis que el escultor
de ríos de mediodía
puso en tus alféizares y tus cornisas
con instinto de pez en mis plegarias,
te encontré distraída de los proyectiles
de tu gracia a quemarropa
con la que me llamaste.

Yo, apenas alfarero de barro crudo,
siempre con sed y siempre húmedo,
me quite la noche concertada en el lomo
y de mi capa cayeron roídos corazones de manzana,
y se me nublaron los once dedos de mirarte,
y quise ceñirte mi garganta en un poema,
pero mi boca se hundió en sus zapatos,
pero mi boca estaba lejos del pan de su palabra,
pero mi boca redonda estaba muy cerca de tus pechos,
pero el silencio de tus ojos me escuchaba,
pero el silencio de mi boca fue redondo.

Sigo andando,
silencioso,
sin la sombra;
con la boca llena,
dos veces redonda.
Te llame destino, pero fuiste instante.
Son lo mismo:
fuimos dos instantes en un cruce de caminos.

11 de abril de 2021
 
Última edición:
Si alguna vez el pájaro escupió su sombra
fue cuando escapé del túnel de la infancia:
soy menos voz que panqué de tierra
pero te miré a lo lejos,
te debatías entre resplandores y siluetas,
y a tus ojos los llamé destino
y caminé por los años mal contados,
arrancando moras de las verjas
para llegar a ti con poco de color sobre la lengua.

Agazapada entre el énfasis que el escultor
de ríos de mediodía
puso en tus alféizares y tus cornisas
con instinto de pez en mis plegarias,
te encontré distraída de los proyectiles
de tu gracia a quemarropa
con la que me llamaste.

Yo, apenas alfarero de barro crudo,
siempre con sed y siempre húmedo,
me quite la noche concertada en el lomo
y de mi capa cayeron roídos corazones de manzana,
y se me nublaron los once dedos de mirarte,
y quise ceñirte mi garganta en un poema,
pero mi boca se hundió en sus zapatos,
pero mi boca estaba lejos del pan de su palabra,
pero mi boca redonda estaba muy cerca de tus pechos,
pero el silencio de tus ojos me escuchaba,
pero el silencio de mi boca fue redondo.

Sigo andando,
silencioso,
sin la sombra;
con la boca llena,
dos veces redonda.
Te llame destino, pero fuiste instante.
Son lo mismo:
fuimos dos instantes en un cruce de caminos.

11 de abril de 2021
Que maravilla de poema Pedro, un beso de amor es sin lugar a dudas un silencio redondo sin esquinas que pinchen o desgarren. Y ese beso es el destino del que ama aunque dure un instante. Gracias por este fabuloso poema. Abrazos fraternos.
 
PEDRO buenas medias noches en mi espacio. Un poema conmovedor, me quedo con un solo verso que me impacta: "Te llamé destino, pero fuiste instante". Gracias por tu poesía, abraza en un silencio profundo. Desde mi rincón en Bogotá un saludo fraterno.
 
Si alguna vez el pájaro escupió su sombra
fue cuando escapé del túnel de la infancia:
soy menos voz que panqué de tierra
pero te miré a lo lejos,
te debatías entre resplandores y siluetas,
y a tus ojos los llamé destino
y caminé por los años mal contados,
arrancando moras de las verjas
para llegar a ti con poco de color sobre la lengua.

Agazapada entre el énfasis que el escultor
de ríos de mediodía
puso en tus alféizares y tus cornisas
con instinto de pez en mis plegarias,
te encontré distraída de los proyectiles
de tu gracia a quemarropa
con la que me llamaste.

Yo, apenas alfarero de barro crudo,
siempre con sed y siempre húmedo,
me quite la noche concertada en el lomo
y de mi capa cayeron roídos corazones de manzana,
y se me nublaron los once dedos de mirarte,
y quise ceñirte mi garganta en un poema,
pero mi boca se hundió en sus zapatos,
pero mi boca estaba lejos del pan de su palabra,
pero mi boca redonda estaba muy cerca de tus pechos,
pero el silencio de tus ojos me escuchaba,
pero el silencio de mi boca fue redondo.

Sigo andando,
silencioso,
sin la sombra;
con la boca llena,
dos veces redonda.
Te llame destino, pero fuiste instante.
Son lo mismo:
fuimos dos instantes en un cruce de caminos.

11 de abril de 2021
En otro horario me aclaras lo del dedo extra:)
Un abrazo, Pedro.
 
Si alguna vez el pájaro escupió su sombra
fue cuando escapé del túnel de la infancia:
soy menos voz que panqué de tierra
pero te miré a lo lejos,
te debatías entre resplandores y siluetas,
y a tus ojos los llamé destino
y caminé por los años mal contados,
arrancando moras de las verjas
para llegar a ti con poco de color sobre la lengua.

Agazapada entre el énfasis que el escultor
de ríos de mediodía
puso en tus alféizares y tus cornisas
con instinto de pez en mis plegarias,
te encontré distraída de los proyectiles
de tu gracia a quemarropa
con la que me llamaste.

Yo, apenas alfarero de barro crudo,
siempre con sed y siempre húmedo,
me quite la noche concertada en el lomo
y de mi capa cayeron roídos corazones de manzana,
y se me nublaron los once dedos de mirarte,
y quise ceñirte mi garganta en un poema,
pero mi boca se hundió en sus zapatos,
pero mi boca estaba lejos del pan de su palabra,
pero mi boca redonda estaba muy cerca de tus pechos,
pero el silencio de tus ojos me escuchaba,
pero el silencio de mi boca fue redondo.

Sigo andando,
silencioso,
sin la sombra;
con la boca llena,
dos veces redonda.
Te llame destino, pero fuiste instante.
Son lo mismo:
fuimos dos instantes en un cruce de caminos.

11 de abril de 2021
El coincidir y las convergencias aquellas donde se tornan mágicos los instantes.
Enhorabuena,
Saludos
 
Si alguna vez el pájaro escupió su sombra
fue cuando escapé del túnel de la infancia:
soy menos voz que panqué de tierra
pero te miré a lo lejos,
te debatías entre resplandores y siluetas,
y a tus ojos los llamé destino
y caminé por los años mal contados,
arrancando moras de las verjas
para llegar a ti con poco de color sobre la lengua.

Agazapada entre el énfasis que el escultor
de ríos de mediodía
puso en tus alféizares y tus cornisas
con instinto de pez en mis plegarias,
te encontré distraída de los proyectiles
de tu gracia a quemarropa
con la que me llamaste.

Yo, apenas alfarero de barro crudo,
siempre con sed y siempre húmedo,
me quite la noche concertada en el lomo
y de mi capa cayeron roídos corazones de manzana,
y se me nublaron los once dedos de mirarte,
y quise ceñirte mi garganta en un poema,
pero mi boca se hundió en sus zapatos,
pero mi boca estaba lejos del pan de su palabra,
pero mi boca redonda estaba muy cerca de tus pechos,
pero el silencio de tus ojos me escuchaba,
pero el silencio de mi boca fue redondo.

Sigo andando,
silencioso,
sin la sombra;
con la boca llena,
dos veces redonda.
Te llame destino, pero fuiste instante.
Son lo mismo:
fuimos dos instantes en un cruce de caminos.

11 de abril de 2021
Hola de nuevo
Una tarde más leyendo tus bonitas letras.
Gracias.
Un saludo
 

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