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Destino ingrato.

FORJADOR

Poeta recién llegado
En mi pueblo había un señor

que tenía cuatro hijas

una sorda, otra arisca

una gorda y la otra bizca.


Santo niño redentor

porque a algunos descobijas

si le diste cuatro hijas

mándale cuatro valientes

que aunque con uñas y dientes

busca su colocación

no ha llegado la ocasión

de otorgarlas, pobres gentes.


La gorda era Ramona

la bizca, María Inés

la arisca Juana montes

y la sorda, Pantaleona.


Las medidas pertinentes

tomó sin dilatación

aprovechó la ocasión

de la feria del lugar

ha mandado colocar

anuncios, sobre los postes…

“Damas finas, recatadas

Buscan con quien desposar”.


Cuál agua que fluye en río

se corrió la información

con toda disposición

acudieron los galanes.


Con diversos ademanes

le dice el hombre a la bizca…

“Ni la peor de las ventiscas

Impedirá que te quiera”.

Soy amigo de un amigo

he venido a desposarte

y que seas mi compañera.


Ella se queda mirando

de particular manera

con la duda entre las cejas,

pero si luego me dejas…

¿Compañera?, ¡Mis bigotes!

¿Que tú me vienes a amar?

¡Vete con tus amigotes!

Yo mejor así le sigo

y apunta con el pulgar…

¡Ni contigo, ni contigo!


Luego llega el carnicero

se dirige a la Ramona…

¡Mi bella dama jamona!

Conmigo no tendrás hambres,

se me vienen los calambres

porque es tanta la emoción

unamos nuestra pasión

¡Dime por favor que sí!


La dama estaba de espaldas

y al voltearse…

¡Cristo santo!

Con esa cara de espanto

¿Pretendes que yo te quiera?

¡Ni tan urgido estuviera!

Mejor las ganas me aguanto…

Y guardo mi billetera.


De la arisca, ni charlemos

pues nunca se sublevó

a todo aquel que llegó

ni al umbral dejó avanzar

su fuerte no era el amar

al menos, de hembra a macho

ustedes han de captar

tenía un vicio tan gacho

que no les puedo contar.


Y tocó el turno a la sorda,

llegó un hombre bien portado

y al padre se dirigió…

¡Contésteme usted, buen hombre!

Si me puede contestar

de las cuatro hijas que tiene,

¿A cuál me puede otorgar?


Pues la más bonita, es “Panta”

no me puedo equivocar

¡Llévesela usted amigo!

Y no se va a retractar


El hombre, dubitativo

se puso a reflexionar…

“Si la más bonita espanta”.

¿Cómo estarán las demás?


Aquí termina la historia

de aquel hombre de mi pueblo

vivió con resignación

los años que le faltaban.

porque sus hijas lo amaban

ni para que cuestionarlo

cuando fueron a enterrarlo

a grito abierto lloraban.

Forjador-
 

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