Aria
Poeta fiel al portal
Se va marchando la tarde
como amante cicatera,
dejando paso a las estrellas,
con la luna por cairel.
En la negrura de la noche voy divagando,
clama el punzante silencio
bajo la lluvia de recuerdos
y la escarcha de un marchito ayer.
Hay tanto silencio que puedo escuchar
al viento crujiendo en mi ventana;
el candelero esparce una pálida luz,
a medias triste, a medias amarga.
Los acordes de un viejo blues, lejano,
desbocan los latidos de este corazón;
no siente frío, ni ausencias, ni dolor,
tan solo late en vano.
Tan lejos están los momentos felices,
el cuerpo tan cansado de reposar,
la felicidad tendrá alguna coartada,
si siempre aletéa lejos de mi portal.
Que puedo hacer si el invierno es eterno,
si la primavera no alcanza los aposentos del corazón?
Ni soy tan grande para perderme en un sueño,
ni tan pequeña para soñar perdiendo la razón.
como amante cicatera,
dejando paso a las estrellas,
con la luna por cairel.
En la negrura de la noche voy divagando,
clama el punzante silencio
bajo la lluvia de recuerdos
y la escarcha de un marchito ayer.
Hay tanto silencio que puedo escuchar
al viento crujiendo en mi ventana;
el candelero esparce una pálida luz,
a medias triste, a medias amarga.
Los acordes de un viejo blues, lejano,
desbocan los latidos de este corazón;
no siente frío, ni ausencias, ni dolor,
tan solo late en vano.
Tan lejos están los momentos felices,
el cuerpo tan cansado de reposar,
la felicidad tendrá alguna coartada,
si siempre aletéa lejos de mi portal.
Que puedo hacer si el invierno es eterno,
si la primavera no alcanza los aposentos del corazón?
Ni soy tan grande para perderme en un sueño,
ni tan pequeña para soñar perdiendo la razón.