• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Desvaríos

Halloran

Poeta asiduo al portal
DESVARÍOS

I.

Es un corazón lo que siento en mi pecho
cuando entre mis brazos suavemente estrecho
tu cuerpo contra mi piel.

Es un corazón que no es mío pero... ¡ay si lo fuera!
Quizá por hacerlo mío el mío muera...
y quizá tal muerte no me llegue a doler.

II.

Mis labios en tu mejilla, besando.
Mis manos acariciando levemente tu cintura.
Mis ojos perdidos lejos, como buscando
algún remedio para esta loca locura.

III.

Que amar es de locos, seguro es cierto.
Quizá por eso amarme tú no quieras:
quizá sea tu juicio el que se niega
a dar la vida al que de amor ha muerto.

Mas juega a ser Diosa, dulce amada,
juega a gobernar muerte y vida,
porque no creo que haya otra salida
para este mi vivir sin tener nada

que recibir de ti vida y aliento
que calmen ya por fin el sufrimiento
que por amarte a ti estoy sufriendo.

¿Es que no ves que te amo con locura?
¿Es que no ves que no hay ya cordura
porque al amarte a ti la fui perdiendo?

IV.

Busqué una vez unos labios: se me ocultaron.
Busqué unos besos, y éstos me evitaron.
Busqué una boca, y las dudas la cerraron.
Busqué unas manos con caricias, con cariño,
busqué como busca sus juegos un niño,
busqué con ilusión, ilusionado.

Mas nada hallé aquel domingo frío...
Nada encontré, excepto el desvarío
de tener tan cerca lo anhelado,
de tenerlo quemándome a mi lado,
al alcance de la mano, ardiente cielo...
y aún así, sentirlo como el hielo,
como muerto, como ausente, como helado.

V.

El tiempo nos juntó, caprichoso...
yo andaba de amores ocioso,
tú con el corazón delicado.

Y yo amé, y amé tan convencido
que aposté alma y vida en tal empresa.

(No obtuve de ti más que el consuelo
de saberme no amado, y ese duelo
que queda cuando eres rechazado).

VI.

Fueron palabras de amor
las que decía mi boca
aquella madrugada loca...
(una flor que floreció).

No fueron las tuyas tales,
que por no herirme fuerte
me diste por fin la muerte.
(La flor ya se marchitó).

VII.

Saben a poco tus besos.
(¿Cuántos fueron? ¿Diez o doce?)
Sabe a poco ese roce
que a mis labios se presenta.
(¿Cuántos fueron? ¿Quince, treinta?)

Sabe a poco tu boca,
que de improviso se ausenta...
(¿Cuántos fueron? ¿Cincuenta, ochenta?)
Sabe a poco esa caricia
que me hace tanto bien.
(¿Cuántos fueron? ¿Noventa, cien?)

Saben a poco, que mi alma
de besarte no se cansa.
Saben a poco, que siempre
hay más en el corazón.
(¿Cuántos fueron? ¿Un millón?)

Saben a poco tus besos
y por muchos que te diese
a poco aún me sabrían.
Aunque durasen el día
y la noche, toda entera,
aunque en toda mi vida
otra cosa no hiciera
que besarte sin cesar,
aún así, sin duda alguna,
a poco me sabrían,
pues la muerte,
necesaria y ciertamente,
de ti me apartaría,
haciéndome terminar.

¡Y que no quiero dejar
de besarte ni un momento!

Saben a poco (no te miento)...
Saben a poco tu s besos.
(Besarte ahora quisiera...
¡ay, si pudiera!)​
 
Agradezco el comentario y, como suele decirse, el gusto es mío. Mío, por saber las letras leídas y por saberlas gustosas. Eso -qué le vamos a hacer, si somos así- siempre gusta.

Un saludo.
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba