Viruza
Poeta recién llegado
Como la limadura va hacia el imán,
mis ojos se aferran a tu mirada serena,
el pecho retumbando, los oídos zumbando,
y mi cuerpo se funde cual plomo en la caldera.
Una palabra tuya basta para encender esta hoguera,
que dulcemente te cubre con su brasa.
Y yo me entrego ciegamente a tu cadencia
hasta que al fin mi cadera se acompasa.
¡Qué no daría por tenerte una noche
en la que me ahogues con el rodeo de tus extremidades.
Mas no sin antes exprimirte, derramarte,
haciendo que tu rugido llegue a todas las vecindades!
Maestro de las artes sensuales,
que provoca las cosquillas más fogosas.
En el sur de mi cuerpo nacen
y curan todas mis heridas amorosas.
mis ojos se aferran a tu mirada serena,
el pecho retumbando, los oídos zumbando,
y mi cuerpo se funde cual plomo en la caldera.
Una palabra tuya basta para encender esta hoguera,
que dulcemente te cubre con su brasa.
Y yo me entrego ciegamente a tu cadencia
hasta que al fin mi cadera se acompasa.
¡Qué no daría por tenerte una noche
en la que me ahogues con el rodeo de tus extremidades.
Mas no sin antes exprimirte, derramarte,
haciendo que tu rugido llegue a todas las vecindades!
Maestro de las artes sensuales,
que provoca las cosquillas más fogosas.
En el sur de mi cuerpo nacen
y curan todas mis heridas amorosas.