Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
La gota que derramó ese vaso
fue mirarla en la fotografía,
donde ella, muy alegre sonreía
feliz, con su marido del brazo.
Fue como recibir un balazo
así fue, el impacto recibido,
por el piso me dejó tendido
agonizando entre convulsiones,
al saber muertas mis ilusiones
de algún día ser yo tu marido.
No tuviste compasión alguna
a mansalva, el crimen perpetraste,
que estuviera confiado esperaste,
y suerte, tuviste por fortuna.
Fuiste muy cruel, como no hay ninguna
con tus actos pensaste humillarme:
con saña lograste destrozarme
inertes mis sueños contemplaste,
y con él de viaje te marchaste
logrando con ello derrumbarme.
Volviste de nuevo a suplicarme
buscando en mis brazos el cobijo,
que fueran de tu pena escondrijo
y el corazón llegaste a robarme.
Con caricias pudiste enredarme:
tus besos hurtaron mi cordura
y volví a quererte con locura,
atarme a tu cuerpo traicionero
mi corazón sigue prisionero,
acepta su triste desventura.
fue mirarla en la fotografía,
donde ella, muy alegre sonreía
feliz, con su marido del brazo.
Fue como recibir un balazo
así fue, el impacto recibido,
por el piso me dejó tendido
agonizando entre convulsiones,
al saber muertas mis ilusiones
de algún día ser yo tu marido.
No tuviste compasión alguna
a mansalva, el crimen perpetraste,
que estuviera confiado esperaste,
y suerte, tuviste por fortuna.
Fuiste muy cruel, como no hay ninguna
con tus actos pensaste humillarme:
con saña lograste destrozarme
inertes mis sueños contemplaste,
y con él de viaje te marchaste
logrando con ello derrumbarme.
Volviste de nuevo a suplicarme
buscando en mis brazos el cobijo,
que fueran de tu pena escondrijo
y el corazón llegaste a robarme.
Con caricias pudiste enredarme:
tus besos hurtaron mi cordura
y volví a quererte con locura,
atarme a tu cuerpo traicionero
mi corazón sigue prisionero,
acepta su triste desventura.