Emmanuel Delawer
Poeta fiel al portal
Llego su tiempo, el momento inesperado
Su transición al libro de la vida,
Otra presencia humana, yace ahí en el suelo
Dormitando y en el interior su herida,
En su cuerpo las perfectas medidas y proporciones
Inefables a las verdaderas intenciones,
Donde el omnipotente lo eterniza en su huida,
perecimiento, la destinada caída.
Suspendido en el tiempo; sus hechos:
Ni andanzas, ni palabras, ni alientos o ruidos,
Ni tristeza, ni felicidad, ni serenidad u horror,
Ni frío, ni calor, ni color, ni sol u oscuridad,
Ni saeta, ni mortandad, ni amor o dolor,
Solo habrá como un infinito espacio,
Invadido de un silencio grisáceo,
De carácter disentido, estático e impropio,
De impregnación, de azul monocromático.
El canon esta en marcha al deterioro físico,
En su carne la piel casi transparente,
Y sustancialmente suspensivo, corpóreamente ocreado,
Pálido, con una sensación de frialdad, en sí, helado,
En su momento de trance, sin conexión ninguna,
Se percibe la dispersión de su espíritu
Unificándose con la inexistencia de la exhumación,
En la inclemencia del cielo, con rapidez y lentitud,
Su cuerpo vacío con pose de exclamación,
Lo observan, lo presencian una estúpida multitud,
Con incertidumbre, agonía y preocupación.
Llegó al principio de su final
Como ley de la vida lo invadió
Un inesperado incidente fatal,
Su presencia sobre la tierra se extinguía
Ya jamás nada será igual.
Isofacto, sin aviso u oportunidad,
Su espíritu se transfiguró a un lugar,
Su corazón latente seguirá con piedad,
Donde nunca había imaginado estar.
En su destierro de paredes tono ocre pálido,
El mármol monocromático armonizaba con la miel
De las piedras que emergían en su entorno,
Por el tiempo y el silencio,
Se deslizaba en sucesiones de arena y polvo.
En la visualización del horizonte,
A través de algunas neblinas, Veía personas
Acostadas que dormían profundamente,
En su inconsciente todo era silente.
En su acercamiento vio un rostro,
Muchos cuerpos camuflados y claros
Percibió en estos la inocencia del olvido,
Sintió la paz y la armonía de muchos paraísos
Sintió que le invadía un hermoso sueño,
Se sentó en el suelo aturdido por los sucesos
Y Ya casi agotado, se empaño su visión,
Presintió estar en una atmósfera envuelto,
En una noche de azul intenso, ahí sin razón
Y se durmió en esa oscuridad que nunca imaginó
Su alma en paz por los siglos quedara
Hasta el día del juicio final.