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Poeta fiel al portal
Oh mujer del amor hermoso
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.

El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.

Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.

Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aísla
del infinito.
 
Última edición:
Oh mujer del amor hermoso
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.

El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.

Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.

Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aisla del infinito.

Versos muy bellos, una poesía de gran forma armada, con mucha sensibilidad y con mucha capacidad poética, el único detalle es una tilde faltante en aísla. Un muy bello escrito sin duda, un placer leerte poeta, saludos cordiales.
 
Oh mujer del amor hermoso
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.

El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.

Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.

Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aisla del infinito.
Buenos días
Unas lindas letras pones a mi paso
Gracías
Un saludo
 
Oh mujer del amor hermoso
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.

El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.

Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.

Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aísla
del infinito.
Una existencia enamorada en ese verbo que deja las transformaciones tristes
a la desazon del destino. las emociones asi inhaladas entre la magia de una
entrega absoluta. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Cito esta bella línea que habla de un amor que no excluye a la espiritualidad. El poema es hermoso y profundo.
Gracias por haber pasado por mis letras, fue un gusto conocer tu trabajo también.
Un abrazo y muy feliz martes.
¡Muchas gracias, Cecilia! Gracias por tu lectura, tiempo y comentario. Saludos cordiales.
 
Oh mujer del amor hermoso
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.

El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.

Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.

Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aísla
del infinito.
Una dulce melodía.
La sensibilidad siempre se apodera de su pluma.
Es un honor llegar hasta su espacio.

Saludos
 
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